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domingo, 28 de junio de 2015

Mi "Te quiero"

Dormíamos abrazados, soportando este calor intenso sin separarnos ni un milímetro.

“Abrázame hasta que me duerma” le había dicho yo… y él, protector de mi sueño, lo hizo, como lo hacía cada noche desde que nos conocimos.

Duermo pensando en como ha cambiado mi mundo sin que yo me diera cuenta, de esa manera tan sutil que solo utiliza él con todas mis cosas, con mis pensamientos, con mi corazón. Como ha ido entrando, sin miedo, en mi mundo. Siempre erguido, siempre sincero, siempre tal y como es.

Esa voz que tanto me hizo llorar el primer día, ahora me calma. Incluso en su silencio, solo el suyo, me acompaña. Ahora bajo escaleras, ahora las puertas ya no están tan presentes.

Qué extraño es sentir que por fin alguien te mira y te ve. Que estas llena de amor, llena de sueños, llena de historias que compartir… y que no eres capaz de decirlo en voz alta por si se rompe la magia, esa magia que no has sentido nunca.

Me gustan sus abrazos nocturnos porque son reales. Me gusta mi café por las mañanas, en la cama, con nuestra música.

“Yo ya he vivido esto muchas veces” me digo a veces. Pero no es verdad, no lo es. Nunca me dejé llevar así, sin miedo, sin barreras… nunca viví algo tan bello.

A veces le observo y creo que no es real, que es un sueño de mi cabeza. Pero no lo es. Es el camino recorrido el que me ha llevado a él y ahora todo tiene sentido.

“¿No viene el sueño?” me ha preguntado. “No, se me escapa, creo que hoy estamos enfadados”.
El se ha reído de mi tontería, como siempre, y ha empezado a cantarme la canción más absurda del mundo.

“Cari, tu voz hará que huya mi sueño y el de los vecinos” le he dicho riéndome. “solo háblame bajito, cuéntame una historia”.

El me ha contado la historia de una llamada que hizo un día a un número equivocado. La historia en la que una mujer le cogía el teléfono llorando y él intentaba calmarla… la historia en la que le preguntó a esa mujer qué necesitaba y ella contestó: el abrazo más largo del mundo.

Me ha contado la historia en la que él fue a abrazar a una desconocida a la que había llamado en un descuido.

Dice que cuando salió del coche solo vio a la mujer más bella del mundo, descalza, tumbada en un parque, empapada por la lluvia.

Dice que cuando la abrazó, no pudo soltarla nunca más.

“Todavía no te has arrepentido” le dije.

“Nunca. Esa loca me da la vida” me ha dicho.

Sigue contando por favor. Hasta que me duerma.

Siguió con su historia, esa que empezó un jueves y nunca terminó. Yo ya casi estaba dormida arrullada por su voz y sus increíbles brazos… y le escuché decir “Te quiero”


Así, sin más.