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sábado, 22 de diciembre de 2018

La vida es larga

La vida es demasiado larga. Y eso que la mía será más breve que otras.

He pasado por demasiado. Pero lo que no soporto son mis enfermedades.

Hace poco me dijo mi padre: Tienes que aprovechar, sabes que acabarás en una silla de ruedas.

Lo sé. Claro que lo sé. Pero no sé cuándo.

Lo mismo es este nuevo brote el que me vence. Tengo demasiados órganos mal y demasiadas pocas ganas.

Lo mismo no.

Ya me he salvado dos veces de la silla y dos de morir. Pero se me hace largo. Muy pesado. Y siempre sola.

Acompañada, pero sola. En mi mundo,  tan negro en ocasiones, que me mata.

No es la primera vez que los médicos se equivocan y supero sus expectativas. Pero a veces, como hoy, me gustaría que tuvieran razón.

Estoy cansada. Tanto que me tumbaría a dormir y no me despertaría.

Tengo unos dolores horribles. Mucha presión en mi cabeza, la columna es como una barra de hierro que me ensarta, me arrancaba las costillas una a una, y las piernas... no las siento ni mías ya. Como si fuera un lego hecho con piezas que sobran.

Siempre digo que mi peor brote fue en 2011, pero no lo fue. Tardé un mes en conseguir andar 15 minutos seguidos. Luego me pasaba todo el día dormida por el esfuerzo. Casi muero en el hospital. Ni lo fue en 2014, con mi corazón a punto de estallar.

El peor fue en 2007. Cuando mis piernas dejaron de responder y mis manos también.

No me da miedo morirme. A veces no me importaría. Lo sé, no os gusta escucharlo. Me da pánico no salir de una de estas cosas. Quedarme en medio.

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