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viernes, 31 de enero de 2014

El hastío

Hoy he hablado con una amiga de la sensación de hastío que me inunda a veces con algunas cosas. En ocasiones creo que es la única que me entiende para esto, la única con la que puedo hablar de ello. Elvi.

El caso es que se que debería aceptar mi enfermedad. Pero no puedo. No soy capaz. Implica demasiadas cosas aceptarla y a veces, no demasiadas, pero a veces, la mandaba a la mierda.

No puedo ir a China porque me produciría costocondritis estar tantas horas en el avión sentada. Los médicos no me lo recomiendan. Tampoco se pringan, pero no me lo recomiendan. Dicen que un viaje más corto… quizás, aunque no me aseguran que la presión al despegue no me produzca costocondritis.

Ahora parece que después de las últimas pruebas no tengo regulador de temperatura. Al final no estaba todo tan bien como parecía. No me molesta, la verdad. A veces tengo mucho calor y otras mucho frío. Me levanto con temperaturas de más de 37 grados y durante el día paso por 34’8, 36, 38’2… así, sin sentido. Por lo que a veces estoy con dos camisetas, jersey, manta eléctrica y edredón y otras estoy en camiseta de tirantes y sudando. No, después de todo lo que he pasado ya, no me molesta. Es un mal menor.

Tengo que encontrar la manera de asumirlo y siempre lo dejo para mañana. Pero a veces, en ocasiones, me embarga una sensación de hastío, de cansancio con todo… con la gente, con el mundo, con las voces, con las historias de los demás… como si no lo soportara.

Luego pasa y todo vuelve a ser igual otra vez y soy super feliz y como perdiz.

Estoy cansada. Me cansa hasta sentir cosas. Siento que estoy perdiendo el tiempo con algunas personas, con algunas situaciones… y no puedo recuperarlo.


Me voy a tomar unos días para meditar en ello. Para descansar y no llegar a ninguna conclusión o llegar a todas. A ver que ocurre.