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sábado, 27 de octubre de 2018

El amor real

Ese que tanto se me escapa.  Siempre he sido cualquier otra cosa, menos el amor real de alguien.

El sexo nunca fue importante para mi en una pareja. Era diversión. Diversión amoldable a cada relación. Sin más.

Lo aprendí de bien joven. Mi cuerpo podía utilizarse para mil cosas, mil fines... incluido obtener cosas básicas de supervivencia. Yo no era nadie cuando estaba con otra persona. Era una cosa, un juguete, un objeto, pero nunca una persona. No una mujer, o en aquella época, una niña.

Aprendí solo un camino. El que me enseñaron. Y a base de practicarlo con sufrimiento, descubrí la forma de "disfrutar" de aquello sin hundirme. Pero siempre tuve presente que no era persona para ellos.

Alguno lo intentó. Enseñarme otro camino. Uno bonito, suave, sin dolor... mirándome a la cara, besándome, sintiendo cada caricia, despacio... pero no podía, me sentía vulnerable, me sentía mujer, persona... y salía de aquello que conocía, para meterme en un terreno que me asustaba mucho.

No ser persona en la cama acababa trasladándose al resto de mi vida de pareja. Hasta el punto en el que yo dejaba de existir en todos los ámbitos, mis sentimientos no contaban y por mucho que yo luchara por existir... ya no había nada que hacer.

Un día conocí a alguien a quien creí capaz de separar ambos territorios. Amor y sexo. Alguien que podía tratarme como un juguete en la cama, pero como una persona fuera de ella.

Me conformé con ello. Llegué a pensar que quizás era lo correcto. Pero me equivoqué.  Siempre se traspasa ese muro y siempre en el mismo sentido. El juguete pasa a serlo siempre, en todos los aspectos de su vida.

Cuando desaparece la atracción sexual, la chispa... todo desaparece. Yo desaparezco. Ya no soy el juguete favorito de nadie. Y descubres que debajo de eso no hay nada. No hay amor real.

Que se enamoraron de tu físico, de tus juegos sexuales... pero nunca de tu persona. Y desaparece todo y van en busca de algo nuevo.

El amor real... ese que hace que mires a tu lado y pienses "me siento orgulloso de lo que soy con esta persona, de lo que estoy construyendo"... Eso jamás lo tendré.

Soy la puta favorita de todos, hasta que no soy nada. Dejo de existir.

Algunos buscan luego amistad. Es fácil para ellos, no sienten amor y son felices sin mi. Pero yo no puedo dársela.

Un día R me dijo que a veces sentía que yo era un divertido videojuego, que podía apagar y encender a su antojo. Duro, horrible que te digan eso después de año y medio. Pero es la realidad que vivo.

Es el único que se ha disculpado. Lo dijo en el País Vasco. Delante de un montón de amigos: "Te quiero. Siento haber sido tan gilipollas y haberte tratado tan mal".

Sus propios amigos se sorprendieron y la madre de uno le dijo: "pues empieza a tratarla bien, porque se lo merece".

Es la única disculpa pública y sincera que he tenido en mi vida, mirándome a la cara, y os juro que verdad sentía lo que decía. Jamás tuve ninguna más así.

El amor real. Aquel por el que se lucha con uñas y dientes. Aquel por el que mereces la pena para la otra persona... eso nunca lo he tenido.

Debí intentarlo al revés. Pasar mi vida, mi comprensión, mi amor... a la cama. Y tener por una vez en mi vida, sexo con amor. Pero no lo hice. Ni siquiera habría sabido por donde empezar. Y tampoco lo habría querido ninguna de mis parejas porque yo les gustaba así y solo así.

Perdía las ganas porque me aburría de no ser, de no existir... y cada vez todo se distanciaba más. Hasta que para ellos desaparecía y se acababa todo, porque ya no merecía la pena. Ya era un juguete sustituible.

El amor real... aquello compuesto de amistad, de amor sincero, de confianza, de sinceridad, de lealtad... yo si lo he sentido, solo una vez en mi vida, lo he sentido. Pero no siento que jamás nadie lo sintiera por mi, porque todos perdían lo mismo y, debajo de ello, no había nada por lo que mereciera la pena luchar.

Cuando se acababa solo te quedaba haber sido nada, menos que nada. Y era durísimo aceptarlo.

Ahora ni siquiera puedo. Aborrezco que me toquen en ese sentido. Que me besen en ese sentido. Aborrezco que me miren como si fuera la mujer mas bella de su mundo.

No lo quiero. Me hace sentirme nada. Pero nunca aprendí a ser otra cosa. A ser querida, amada de verdad, en la cama. Y no sabría hacerlo. Necesitaría mucha ayuda que nadie va a ofrecerme. Porque yo no inspiro amor real en nadie, inspiro solo sexo y después nada.

Al final he vuelto a hablar con R. Siempre le dije que no era el principe azul, que era el malo del cuento. Pero en mi cuento, que es una puta novela de terror... fue el malo más valiente. El único que me miró a la cara, delante de mucha gente, para disculparse y prometerme un cambio. El único que me hizo sentir, por un momento, que yo existía fuera de la atracción física, el enamoramiento o el puro sexo.

Mi malo del cuento, fue el malo más bueno al final.

No quisiera morirme sin saber lo que es que te amen con amor sincero. Pero creo que eso no está hecho para mi.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Como pasar un duelo

Veo gente muy triste siguiéndome y creo que debería explicaros algo importante para mi, que quizás, sólo quizás, os ayude a superar determinados traumas.

Muchos conocéis las etapas del duelo. Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación.

Cuando pierdes a alguien, ya sea por muerte, por separación o divorcio... por lo que sea, pasas por todas y cada una de esas etapas.

Hay muchos tipos de duelo y los hay que duran años. A veces una de esas fases te atrapa y no sabes salir de ella. Esto puede destrozar toda tu vida.

Hace muchos años perdí a un ser querido. Alguien que hablaba conmigo todos los lunes, que me comprendía, con quien no me sentía sola y me sentía protegida.

Llegué a la depresión y me quedé ahí. Me quedé meses y meses ahí hasta que todo mi mundo se volvió negro. Escuchar a la gente era imposible. Oía sus voces pero mi cabeza no era capaz de entender qué decían. Me aburrían.

No soportaba el contacto físico, me sentía invadida, sentía que cada abrazo me estaba quitando algo de mi y me aislé del mundo todo lo que pude.

Dejé mi trabajo porque no era capaz de centrarme en nada. Me dedicaba a dar paseos por la calle y ni siquiera sabía donde iba, sólo andaba.

Fueron muchos meses en los que ni siquiera lloraba... solo sentía que mi vida había acabado, que ya no soportaba más tristeza, más pena, más horrores, que ya no quería tirar de ningún carro.

Me bajé del tren de la vida y me quedé mirando el mundo,  como si yo ni siquiera estuviera dentro.

Mi exmarido se sentó a mi lado una noche, llorando: "Ayúdame a ayudarte" me dijo. "No se qué puedo hacer, estoy desesperado, no se lo que piensas, lo que sientes, no sales del agujero donde te has metido y yo me estoy muriendo sin ti".

Quizás fue lo más tierno y bonito que me dijo en mi vida. Quizás fuera lo más tierno y bonito que él había dicho en su vida.

Mi respuesta sin embargo, le destrozó. Se paso años echándome en cara aquel momento, incluso después de nuestro divorcio.

"No te quiero" - le dije mirándole a los ojos - "Creo que en estos años he dependido emocionalmente de gente que me rodeaba, de gente como tú y ahora no puedo seguir" - "He descubierto que no te quiero, que no me sirves, que no me sirve nadie, sólo me sobras" - "Ni siquiera puedo admirarte o admirar a nadie" - "Estoy agotada de vosotros, de la vida, de miraros a la cara y no sentir nada" - "Te escucho hablar y lo único que pienso es: Ojalá se callara y me dejara ya en paz" - "No creo que quiera querer más, siento que no me queda nada que darle a nadie, lo siento"

Nada de lo que le dije era cierto del todo, pero yo lo sentía en aquel momento. Me había encerrado en la depresión y no salía de allí, pero él no lo entendió. Tomó mis palabras de manera literal y jamás las perdonó.

Salí de aquella fase porque fui consciente de dónde me había metido. Y eso me costó muchísimo. Empecé por cosas pequeñas, me puse objetivos muy pequeños, y paso a paso fui saliendo sola de todo aquello. Entendí con el tiempo lo que me había pasado.

En otros duelos me había quedado en la ira atrapada y eso había sido más sencillo,  pero quedarse en la depresión es lo peor que te puede pasar. Lo peor con diferencia.

Mi duelo había empezado antes de su muerte, cuando le veía agonizando en la cama. Tuve esperanzas hasta el último momento de que saliera adelante, de que ocurriera un milagro. Daba igual lo que me dijeran los médicos, daba igual que estuvieran simplemente ayudándole a morir sin dolor. Yo no fui capaz de aceptar lo que estaba sucediendo. 45 días pegada a su cama, viéndole agonizar y sin aceptar que le estaba perdiendo para siempre.

Ni siquiera me despedí. No supe hacerlo.

La ira y la rabia llegaron tan fuertes en ese momento,  que rompí una pared a puñetazos y ya de paso me rompí las dos muñecas. Grité tanto,  que me quedé sin voz durante semanas.

Recé. Yo. Recé. Pedí mil veces que me lo devolviera, que me durmiera y todo fuera un sueño en el que,  al despertar, él estuviera allí compartiendo conmigo, de nuevo, nuestros lunes. Intentaba negociar con Dios, un Dios en el que ni él ni yo habíamos creído nunca.

Y al fin entré en una depresión tan profunda que ya no me quedaban ni lágrimas que compartir con nadie. Mi cabeza estaba llena de sus frases, de su olor, de su voz y no había nada más que pudiera entrar en ella. Mi corazón literalmente se vació de todo sentimiento que no fuera la pena más profunda.

El duelo. Lo he pasado tantas veces en mi vida que me acostumbrado a él.

Aquella vez me costó mucho tiempo llegar a la aceptación, a entender que le había perdido para siempre. Pero llegué y fue en ese momento cuando empecé a llorar.

Muchos sabéis que cuando paso un duelo retiro todo aquello de mi vista que me recuerde a esa persona. Todavía, después de 14 años tengo y tendré toda mi vida, su foto en la mesilla de noche para verle todas las noches.

A veces es para recordarle y recordar nuestras conversaciones. Otras, en los momentos de duelo, es para recordar que no puedo quedarme estancada en ninguna fase,  porque eso me mata.

El duelo por la muerte de un ser querido es irremediablemente mucho peor que cualquier otro duelo. De eso no hay duda. Pero ni en ese momento puedes permitirte quedarte en una fase y eso sólo se consigue siendo consciente,  realmente,  de lo que estás pasando y obligándote a pasar por cada una de las fases,  sin parar demasiado en ninguna.

Ocurrió otra muerte años después. El suicidio de una amiga. Ahí casi me consume la ira, llegué a odiarla,  pero acabé perdonándola. No me quedaba otra.

Preparé un plan: Mi vida siempre estaba llena de duelos y tenía que saber enfrentarme a ellos sin perderme a mi misma.

Mi vida era triste, siempre lo había sido. Y yo sabía vivir en esa tristeza, me manejaba bien, no me impedía seguir andando el camino, pero decidí que tenía que aprender a controlarla, a que no me consumiera.

Realmente nadie es tan importante en tu vida como para que te consumas con su desaparición. No lo es, creedme. Tú eres más importante que los demás, eres la única persona que va a seguir contigo todo el camino.

El Duelo. Siempre he creído que el nombre que alguien le puso es el correcto. Sufres un duelo interno, pero a la vez externo, luchas contra ti mismo y contra la realidad.

Os contaré mis pasos, por si a alguno os sirven:

La Negación: Es la no aceptación de lo que está ocurriendo, pero tienes que obligarte a aceptarlo. A veces de la manera más absurda del mundo. Mi técnica es pegar papeles por toda la casa, en todos los espejos, en todas partes. Papeles que me recuerden constantemente la realidad para acabar aceptándola dentro de mi, ocurra lo que ocurra en el exterior. Os pongo un ejemplo de mi último duelo:



Obviamente tienen que ser mensajes que tú creas ciertos. Toda la casa se llenó de frases suyas hirientes, de pensamientos míos y poco a poco eso me hizo ir aceptando la realidad.

Mientras haces eso tienen que cambiar poco a poco tu realidad. Empezar algún proyecto, el que sea. Yo retiré todas sus cosas de casa el primer día. Todas. Y me puse a redecorar mi buhardilla. 

Siempre había ocupado él el mejor espacio y ahora era toda para mi. Creé mi despacho, mi estudio, mi rincón de costura y mi sala de música. Todo quedó tan bonito que subir a la buhardilla era un placer.

Pero con eso no basta, tenéis que quitar de vuestra cabeza todo lo que os recuerde a él. 

Empecé con mi habitación. Mía ya, no nuestra. Pinté los muebles, los envejecí, pinté el armario entero, cambié la lámpara, creé una escultura mía para el cabecero que yo misma tapicé y diseñé mis propias cortinas. A partir de ese momento no sólo pude dormir sola en mi cuarto, es que dormía bien, como no había dormido en meses.

Esto duró las dos primeras semanas, y como sabes que millones de veces te vendrá el arrepentimiento y el querer volver y la ira, sobre todo la ira porque no paras de leer los mensajes que te has escrito (y en mi caso los suyos contradictorios), haces dos cosas:

Una, dar rienda suelta a tu IRA. De esta manera todo lo que se ha dejado en casa y no se ha llevado el día que tú impones, queda destruido y sustituido. Pero a la vez haces caso a tu otro lado y le das una segunda oportunidad para ver si reacciona (NEGOCIACIÓN).

No os sintáis mal si no reacciona, es lo normal. Cuando algo se acaba, se acaba; y lo mejor es acabarlo. Pero si no das esa segunda oportunidad, siempre te queda la espinita clavada.

Al darla en el momento de más ira, tu mismo no te crees ni lo que estás haciendo y eso está bien, porque la ira te va a proteger de sus futuras respuestas y creedme, sus respuestas suelen ser la peor basura que tengan en su interior, porque se sienten fuertes, sienten pena de que les sigas queriendo y creen que están por encima de ti. 

Cuando terminé mi habitación cambié dos cosas más: 

El baño de la habitación, que lo había ocupado él entero y yo me había ido abajo. Convertí el baño de mi cuarto en mi pequeño oasis de paz. 

No necesitáis hacer obras y gastar dinero, solo restaurad cosas y cambiadlas de sitio y de aspecto, eso vale. Puse todas mis cosas ordenadas en mi cuarto de baño y cree mi propio espacio,  que ya nadie jamás invadiría.

Y el garaje, que él lo tenía ocupado con cosas de su otro piso y con su moto y lo convertí en mi propio gimnasio,  en el que hago ejercicio todos los días. 

Esa era otra cosa que yo quería hacer, pero él me insistía tanto en que la hiciera, que se me quitaban las ganas.  Así que ahora tengo las máquinas que los médicos me dejan usar y además he vuelto por fin a natación. Algo que también quería hacer.

En tres semanas, lo que duran mi negación, mi ira y mi negociación, no paré hasta cambiarlo todo.

Entonces viene la depresión, pero ha de ser controlada también. La mía empezó con una llamada telefónica, él se había enterado de que yo le había contado los hechos a su padre la primera semana y eso había producido que se enfadara.

Le pedí que viera la realidad y no todas las mentiras que se estaba inventando para autoengañarse, pero fue imposible. Me dijo que no me quería, que me tenía que haber dado cuenta de que no me quería por las frases sueltas que me decía de vez en cuando y no por lo que me decía a diario. A diario yo era la persona que más quería en el mundo, el amor de su vida, cada día me quería más, era la única que le hacía feliz, bla,bla,bla pero si es cierto que de vez en cuando soltaba frases hirientes, por las que discutíamos y él se disculpaba porque, nunca "era lo que él quería decir, pero como era un metepatas se había expresado mal"

Bien, aquel día se expresó muy bien. Me dijo que yo no le atraía, que no le salía dar cariño, que no le salía dar nada de nada, ni a mi, ni a los niños. Que era más feliz sin mi, que hacía muchas cosas, que separarnos había sido lo mejor, que él por fin podía vivir tranquilo... 

Soy muy inteligente, lo soy, se que todo aquello era sólo fruto del dolor que le había producido el hecho de que yo contara cómo habían ocurrido las cosas. Y que se arrepentiría toda su vida de lo que estaba diciendo. Me despedí con un "ya hablaremos", pero jamás le volví a escribir o llamar.

En esta fase hay que llorar, es necesario, incluso cuando estás siempre en movimiento y yo lo estaba con mi casa,  mi nuevo negocio y mis nuevos clientes, debes buscar momentos de llorar amargamente. Es necesario sufrir, sentir el daño que te han hecho, y no justificar nunca a la persona que lo hace. Pero también es necesario borrar cualquier rastro de él en tu vida.

Aquí separamos dos duelos, es importante hacerlo. No es lo mismo que alguien muera a que alguien se vaya o le eches de tu vida. Cuando alguien muere no puedes hacer desaparecer sus recuerdos para siempre. Te hundirías más tarde por no tenerlos.

En una separación, lo mejor es romper las fotografías, borrar las que tengas en tu ordenador y tu móvil, tirar a la basura todos los regalos que te hayan hecho o cualquier cosa de dentro de tu casa que te recuerde a esa persona.

En un fallecimiento no se tira nada. Se esconde hasta que te recuperes y puedas verlo mucho más tarde y llorar de nuevo, pero rodeada de recuerdos bonitos. 

Yo tengo una maleta roja. Ahí guardo una cosa de cada persona que me ha hecho daño, para no olvidarlo si vuelven a mi vida, pero también guardo lo que tengo de las personas que fallecieron y a las que adoraba. Jamás le enseño esa maleta a nadie y no suelo abrirla nunca.

Dentro de tu depresión debes recordarte que todo tiene un límite, que eres fuerte, que mereces más, mucho más y que te queda toda una vida de experiencias por delante. Así que sustituyes los carteles anteriores por carteles más optimistas, de ánimo, que también estarán por toda la casa. Os pongo este ejemplo, pero en mi casa ha habido muchos mensajes de ánimo.

Oblígate a leerlos. Al principio ni te los crees y los lees llorando, pero luego se te meten dentro. Primero es una posibilidad de que sea cierto lo que te dices a ti misma. Luego te das cuenta de que es una realidad. Da igual el tiempo que los necesites en casa, el tiempo dentro de una depresión es relativo.

Y oblígate a no parar. Ese es el truco, crear recuerdos nuevos, con gente nueva. Yo por ejemplo he conocido a otro chico, hablamos todas las noches y a veces durante el día. Es un amor, divertido, guapo, altísimo y aunque no estoy enamorada (nunca lo estoy porque jamás en mi vida he tenido un flechazo), le estoy dando una oportunidad.

Ahora bien, esa tiene que ser una oportunidad real, no puede ser ficticia, no solo se la das a esa persona nueva, te la estás dando a ti.

No te cierres puertas a nada, mientras en tu soledad lloras. 

Yo me pongo un límite, no puedo superar un mes en depresión.

Conoce más gente, métete en aplicaciones de internet si hace falta, conocer gente nueva es bueno, no saben tu historia y tú puedes escuchar otras historias,  que hacen que veas que el mundo es mucho más grande de lo que te parece a ti, dentro de tu depresión.

A mi ex le conocí de la misma manera, para olvidar al ex anterior, siempre funciona, conocí a varias personas durante meses y me quedé con éste porque parecía el más cariñoso,  aunque ni de lejos era el más atractivo. Aunque no os lo creáis, nadie, absolutamente nadie es imprescindible en tu vida y te das cuenta de eso viviendo cosas nuevas y obligándote a moverte.

Habla con esa persona en tus malos momentos, pero habla solo en tu cabeza. Aunque creáis que no sirve, sirve de mucho. Te desahogas contigo mismo. Desahogarte en persona no sirve de nada, porque esperarás respuestas de esa persona que jamás te va a dar. Esta vez yo cometí el error de contestar a sus mensajes (que seguía enviandolos) y eso es un error porque contestas con todo tu dolor y haces daño. No lo hagáis. 

Yo utilizo mi blog, que se que no lo leen, así me desahogo y jamás obtendré respuesta. Éste último "iba a leer una entrada cada noche", eso dijo. Os aseguro no lo hizo, ni lo hará.

Bloquéale mientras pasas por estas fases. No eres fuerte como para aguantar su mierda y no tiene sentido. Son capaces de hacer muchísimo daño y tu duelo entonces nunca acaba.

Desbloquéale cuando seas fuerte para aguantar sus tonterías. Si tardas un año como si tardas diez o no puedes hacerlo en toda la vida. Da igual.

Yo le dejé desbloqueado desde aquella llamada, que tengo grabada. Porque sabía de donde salían esas palabras tan dañinas y estaba relativamente tranquila ya, de camino a una cena en la que me divertí horrores.

Me escribió ese mismo miércoles, cuatro días después. No le contesté y volvió a escribirme al día siguiente. Quería saber, exigía saber cómo estábamos todos. "Dime como estáis: tú, los niños, Pandora" es su mensaje literal. Luego empezó con el "cari", el "amor"...

Acabé contestándole, para ver qué quería de mi. Me echaba de menos, echaba de menos a los niños, no era más feliz sin mi, yo seguía siendo el amor de su vida, me quería infinito, me admiraba mucho más... quería verme pero creía que era pronto para que nos viéramos... llegó a decirme incluso que "que no quisiera volver no significaba que no me hubiera querido o que no me quisiera todavía infinito". 

Pero ahí...  contestó mi dolor por todas aquellas cosas que me había dicho 10 días antes, destrozando tres años y medio de relación. No lo hagáis. Respirad hondo y no contestéis si no vais a contestar con vuestro corazón en la mano y con sinceridad. Yo había y he perdido los tres mejores años de mi vida. Jamás los recuperaré, ni quiero, porque nunca tendre por seguro que fueran ciertos para él. Pero se lo que yo di, lo que yo arriesgué y lo que yo sentí y me esforcé. Y debo estar orgullosa de mí aunque jamás haya sido correspondida con amor real. 

El duelo. A veces es hasta bonito pasarlo. Te hace más duro y te da la oportunidad de experimentar cosas nuevas y conocer gente nueva. Saber en qué te equivocaste y con quién deberías disculparte. A quien perdonar y a quien no. 

Nadie es el amor de mi vida. Solo mis hijos y mis hermanas. Eso me ayuda también a superar a cualquiera que pase por mi vida.

En fin, espero que os ayude. Si queréis que profundice en el duelo por un fallecimiento de un ser querido, lo haré, pero es mucho más difícil y dura mucho.

jueves, 11 de octubre de 2018

Un día...



Caminas sin rumbo fijo, balanceándote con las olas de un mar que tú mismo creaste.

Viajas en un barco de papel, pequeño, lleno de cosas que ni valoras.

Te sientes seguro en esa inseguridad, en tu miedo, en tu eterno ciclo, en lo único que conoces.

No te acercas a la orilla porque te puede el miedo. Tienes pavor por lo desconocido. Nunca das un paso más.

No arriesgas. Ni siquiera lo intentas. Te engañas a ti mismo. Te pones excusas.

Escondes tu miedo entre esa multitud de cosas sin sentido, de recuerdos olvidados, de sueños posibles, de te quieros sin significado.

Culpas al valor, culpas al amor, culpas al calor de los besos, a todos aquellos sentimientos que te esperan en la orilla. Culpas a mi corazón.

Un día tu barco se hundirá, tendrás que nadar a la orilla y ya no estaré. Sólo habrá arena, viento y soledad.

Verás que aquella seguridad te impidió ser feliz.

Verás que aquellas cosas materiales no pueden quererte.

Verás que tienes todas las palabras bellas en tu interior y que ya nadie las escucha.

Verás lo que es la verdadera soledad, la pura tristeza, la auténtica negrura.

Ese día será tarde.

lunes, 8 de octubre de 2018

El abismo


No se como empezar a contar esto. He llegado al final del camino. Y me esperaba la nada.

Me he empeñado toda mi vida en levantarme, en seguir adelante, en no perder la ilusión. Pensaba que eso era lo único que tenía, que eso era lo que me hacía fuerte, lo que no podían quitarme. Soñar con algo mejor.

Superé todos los obstáculos que la vida me puso porque siempre pensé que nadie había nacido solo para sufrir. Para no existir. Para que todo fuera difícil.

Me decía a mi misma una y otra vez. “Tu puedes, tu vales, tu eres fuerte”. Seguía a veces por mi fuerza de voluntad, otras por mi ilusión… en ocasiones por la inercia del impulso.

Quería existir, una sola vez en mi vida. Ser importante. No por mis obligaciones, no por mi lucha, no por admiración, devoción o dependencia. Ser importante por existir, por ser simple, por las cosas más pequeñas de la vida.

Me perdía y me encontraba de nuevo. Siempre sola. Siempre sacando las fuerzas de los sitios más recónditos de mi corazón de niña, de mi ilusión.

Me hice mujer sin haber tenido infancia, sin haber sentido amor, sin que nadie me hubiera amado. Cada paso de mi camino fue un infierno y tuve que empezar en multitud de ocasiones desde cero, sin nada. Pero nadie podía nacer solo para eso. Era imposible. Nadie nace para no existir.

Hace un tiempo alguien me preguntó por qué le quería. Mi respuesta fue tan simple que no la entendieron: Porque duerme abrazado a mi.

“¿Cuál fue la última vez que fuiste realmente feliz?”, me preguntaron en navidades.

“En el País Vasco” dije yo. Y jamás nadie lo entendió.

“Lastre”, “estúpida”, “loca”, “puta”, “miserable”… “Nadie puede quererte”, “Jamás harás feliz a nadie”… me decían mientras me rompían en pedazos.

Cada hueso roto me duele cada uno de mis días y me recuerda todo lo que yo me negaba a ser. Todo aquello para lo que yo pensé que no había nacido.

Cada puerta que cruzo en un pasillo es una posibilidad de morir de dolor y de miedo. Cada escalera podría matarme. Necesito espacios abiertos y vías de escape. No huiría, ya no. Pero necesito verlo venir y tener la posibilidad de defenderme. Siempre una pared protegiendo mi espalda, siempre bajar la última la escalera.

Veo sombras por la noche, todavía, después de tantos años, tengo miedo.

Salí de un infierno para meterme en otro y luego en otro y luego en otro. Para escuchar siempre las mismas frases, para que todo el mundo me recordara aquello para lo que había nacido.

Meses encerrada en una habitación sin saber cómo levantarme, como sobrevivir, como rechazar el destino que parecía que me había tocado vivir.

Como explicar lo que es morir en vida una y otra vez.

Jamás lo entendieron, ni siquiera él. Yo sólo quería cosas pequeñas, todas aquellas cosas que dais por hecho los demás, que no valoráis hasta que no las perdéis y entonces esos pequeños detalles se vuelven grandes, únicos e inolvidables.

Yo quería tener eso. Solo eso.

Alguien que durmiera abrazado a mí y me diera besos, dormido, sin darse cuenta, en la cabeza, con toda la ternura del mundo. Alguien con quien tumbarme en la bañera sólo para hablar y acariciarnos. 

Alguien que supiera tocar mi piel y sentir, sin necesidad de sexo.

Quería sentirme viva. Quería alguien que no le diera importancia a mis miedos, a mi pasión por la lluvia, a mi manía de andar descalza por las calles porque necesito sentir el suelo que piso en cada momento para sentirme segura.

Quería que me interrumpieran al hablar para besarme y decirme lo bonita que era. Quería alguien que pudiera estar tirado en la cama conmigo haciendo mil cosas y sin hacer nada a la vez. Quería alguien que viera lo bello de cada aventura diaria, sin enfadarse y estropear cada momento por cualquier cosa.

Quería a alguien que cogiera conmigo un autobús en dirección contraria y se riera al darse cuenta, aprovechando para ver el paisaje que nos regalaba el inesperado viaje.

Quería desayunar en un bosque protegida por los árboles, pasear descalza por la playa, bañarme vestida en el mar, bailar en un bar que alguien vació solo para nosotros. Y reír, reír continuamente.

Quería saber que yo era capaz de hacer feliz a alguien de verdad, de hacerle sentir las pequeñas cosas de la vida, de disfrutar conmigo y reír.

Me pase años sentada en el portal antes de entrar en casa. Repasando el día, buscando los errores que iban a llevarme a pagar mi precio. Entraba por la puerta sin saber qué ocurriría. Sabiendo que no era mi sitio, sintiendo que estaba atrapada en una jaula sin salida. Toda una vida de una jaula a otra sin saber lo que me esperaba detrás de la puerta.

Le quería porque sentía que él me quería, porque yo existía. No era un juguete, no era una cosa, no era una puta, no era una criada. Era una persona.

Lo se, jamás lo habéis entendido, porque solo veis que se rindió cuando mi corazón fallaba, que me trató fatal al final, que estaba más lleno de miedos que yo y era débil, que me mintió.

Pero yo veía más allá, yo sentía más allá. Yo había perdonado tantas atrocidades, que esos fallos, tan pequeños y superables, se pasaban con un cabreo, unas lágrimas y un recordatorio de todo aquello que me parecía bello.

Hasta me había hecho a la idea de que precisamente yo era la persona adecuada también para él. La única capaz de perdonar y volver a querer. Su pieza de puzle.

Se lo que me diríais, pero estaba agotada de tanto sufrir. Estaba agotada de vivir en una jaula. Estaba agotada del miedo. Y pensé que la vida, que siempre fue dura, me estaba dando una pequeña tregua. 

Pensé que la silla dejaba de estar vacía, porque por fin alguien, sin más, quería intentarlo. Porque sí merecía la pena.

La vida me daba regalos, uno a uno, paso a paso. Todas mis cosas pequeñas.

Hubo momentos en los que habría gritado a pleno pulmón “Miradme!!. Soy yo. Feliz. Existo. Soy una persona. Me quieren. Soy importante. Soy maravillosa. Le hago feliz. Jodeos!. Esto es lo que os perdeis!”

Sentía que era parte de algo. Que esta vez el cariño y el tiempo solucionarían los problemas absurdos que no tenían sentido.

Pero el camino termina en un abismo. Así es. Al final son ellos los que me gritan a mi. “Te lo dije, no existes si yo no quiero, nadie luchará nunca por ti, no mereces la pena”

Me siento como en una habitación a oscuras. Los miedos de los demás eran provocados por mi existencia. Una existencia que al final, era grotesca y absurda. Nunca merecí la pena. Quererme era imposible. Al final siempre tuvieron razón. Conmigo nadie lo intentaría nunca. El cariño no está hecho para mí.

Al final si hay gente que nace solo para no existir nunca, para ser el puente desde el que otros saltan a la felicidad, para no saber jamás lo que es que te vean.

La silla siempre estuvo vacía.

Canción ilimitada de mi Elfo


Hoy me acordaba de esto. Quizás lo más bonito que jamás me han escrito. Quizás hubo alguien, una vez, que si me quiso. Quizás un poco, quizás a su manera. Pero al menos eso fue real, aunque fuera una hormiga.



CANCION ILIMITADA

Eres tan tú
que la única forma de encontrar una canción que hable de ti,
es que hable de ti.

Dirá que puedes contar conmigo, para que te proteja de las puertas
y contará que la cocina de nuestra casa, no tendrá paredes ni escaleras

Porque viviremos en una casa baja,
con una cocina sin paredes, y un dormitorio sin puertas.
Para que te sientas como en casa

Tendremos un perchero enorme en la entrada,
para que dejes allí colgados tus miedos antes de entrar.
Y la casa estará llena de cajones,
Que estarán llenos de chicles y cigarrillos.
Para que tu boca sepa siempre a menta y tabaco.
Aunque solo tu tendrás las llaves de los candados
para que yo no pueda abrirlos ni hurgar en ellos.

Construiremos una pista de baile,
para que puedas dar constantemente pasos alante y atrás.
Con los pies

Y en lugar del sitio de la mesa del comedor,
todo el salón será un inmenso zapatero.
Para que no pierdas la cabeza, por no saber donde guardar los pies.
Y tendremos que comer en la cama, que allí se come genial.

Y si quieres saber que hare con tu corazón,
A tu corazón le aplicare una capa blanqueadora cada noche.
Para que juntos, con la ayuda de tus enanos,
te lo pintemos nuevo de colores cada día.
Y le hablare, siempre, estemos donde estemos de la casa.
Llevaremos cada uno un envase de yogurt unido con un hilo,
para que podamos decirnos constantemente que no nos soportamos,
y que me digas que soy feo.

Y cuando quieras, y cuando yo quiera,
agarraremos el hilo con la boca y tiraremos de él,
y nos iremos juntando como la dama y el vagabundo.
Hasta que estemos tan cerca que solo quede besarse,
aunque sea para evitar que sueltes ese feito que te bailotea en la punta de la lengua.

Y nos besaremos, especialmente cuando no nos soportemos.
O cuando no tengamos otra cosa que hacer porque nos demos cuenta,
de que a fuerza de quitar puertas no podemos salir de la casa.
Salvo que vayamos a la cocina y salgamos por una de las paredes de aire.
Por suerte, no habrá que saltar, pues es un bajo sin una sola escalera.

Y aunque no queramos salir de la casa, tendremos que salir.
Mi perro quiere pasear, y está cansado de esconderse de tus gatos,
que no dejan de pedirle mimos mimos y mas mimos.
Y ya sabes que él es un poco despegado.

Saldremos a pasearle al jardín de la casa,
cuando cansados de besarnos, nos liemos a hablar.

Y tenemos que salir, por que se nos ha acabado el cola cao,
y sin tu mokachino por las mañanas,
no logras despertarte del profundo sueño en el que te sumes todas las noches,
agotada de tanto besarnos y de hablarnos.
Aunque si sigues despertándote,
te quedaras viéndome dormir.

Mi perro quizás intente salir por las paredes de aire.
Pero se chocara con ellas, es un torpón.
Y se enredara además con el hilo de nuestros yogures.

Pobre dirás, “si en realidad es muy listo”
Si, es muy listo,

como nosotros.

Pero le puede el ansia de disfrutar de su paseo y de su día,

como a nosotros.

Y comete torpezas,

como nosotros.

Aunque con un entusiasmo ilimitado y una sonrisa perruna,

como nosotros.

¿Cometemos torpezas?

Puede, pero con entusiasmo ilimitado.
Esa es la parte que me importa,
de lo otro no nos preocupemos.

Como mi perro.

Cuando te soportas demasiado bien cometes torpezas.
Va con el sueldo, cosas que pasan.
Prefiero cometerlas por soportarse demasiado bien,
que andar toda la vida con los pies bien rectitos.

Sería bonito pintar tu corazón cada mañana.
Sería bonito pintarlo cada día.
Y cuando se nos acabe la pintura,
pintarte con mi boca de color trasparente saliva,
y amarilla, morada y verde.
Y que cuando nos vayamos a dormir por la noche, agotados de pintarnos,
nos quedemos pálidos.
Para volver a empezar a la mañana siguiente

Ahora dime que esta canción,
que este poema,
que este cuento,
no es tuyo y no habla de ti.

Si. habla de mí,
y de ti.

Todas hablan de alguien, pero a la tuya y la mía,
no necesitamos cambiarle una sola palabra.

Es bonito así.
Y punto final.
No pienso añadir ninguna protectora coletilla.

¡Se me olvido otra cosa de nuestra casa!

Tendremos siempre siempre,
placas solares en el techo,
molinos generadores de electricidad en el tejado,
un enorme depósito de gas en el jardín,
y una conveniente reserva de gasóleo.

Para nuestras duchas eternas,
para que jamás se nos acabe el agua caliente.

Y en la bañera,
tendremos una mesa,
y dos sillones,
y cigarrillos impermeables,
y un grifo de café,
y un bote de gel lleno de azúcar,
para que te pongas un montón de cucharas con colmo,
y los cepillos de dientes,
y jabón caliente,
para que no me dé impresión.
¡uhm! Un radiador de jabón.

Y la cafetera enganchada al grifo,
será una ancianita encantadora y pacifista,
a la que le caigamos muy bien para que no nos ataque.

Y aunque queramos una ducha con dos chorros,
de eso nada, una con un único chorro grande.
Para que no tengamos más remedio,
por mucho que nos fastidie,
que ducharnos abrazándonos.

Qué horror dirás, ducharse siempre así.
Pero sé que eres fuerte,
y podrás aguantar estar abrazada a mí.
No todo iba a ser bueno,
algún sacrificio tendremos que hacer.

Y nuestra bañera estará en cuesta,
para que cuando estés en tu lado, puedas besarme a mi altura.
Y tendrá una manivela para inclinar aun más la pendiente,
para que cuando quieras, la giremos,
y tenga que ponerme de puntillas para besarte.

Y me abrazaras con mi cabeza en tu pecho,
y podrás darme besitos en la frente.
Y yo te daré besos en tu pecho para aliviarte el dolor de los moratones.

Y así todo el agua que me llegue,
habrá pasado antes por ti.
Y por eso, maldita sea, no lograre desprenderme de tu olor en todo el día.
Así, yo también hago sacrificios como tú con los abrazos.

Y como yo hago contigo, tú me protegerás los ojos.

Y cuando falles y me entre agua,
los cerrare como un bebito sin atreverme a abrirlos.
Y tú, me los limpiaras,
y me sujetaras para que no me caiga.

Y si ni aun así los abro,
me contaras como eres, hablándome al oído,
recordándome lo que me pierdo si no los abro,
para que puedas sacar un poquito de tu crueldad innata,
y para que no se me olviden como son tus ojos y tus labios tras tanto tiempo sin verlos.

Y me dará tanta rabia, que los abriré.

Pero como me entrara agua,
se me pondrán rojitos.
Y tu pensaras que es que estoy muy cansado,
y te dará penita.

Y me sacaras de la ducha y me llevaras a la cama,
para que descanse contigo.
Pegado a tu espalda,
y protegiéndote de las puertas.

Definitivamente.
Este cuento, habla de ti y de mí.

Si.
Definitivamente,
en este cuento hay un nosotros.

Algo nuevo y algo usado


A veces me pregunto si seguir consumiendo las mismas drogas o cambiar por otras, aún más adictivas, pero más suaves.

Elegir, de eso se trata. Lo que conoces y te aburre soberanamente, aquello de lo que estás saturada hasta el infinito, o lo desconocido y brillante, lo misterioso… Y no sabes. No te decides.

Pruebas una y otra vez con lo conocido. Buscas aquello visceral y pasional que te enganchó al principio… pero no está. Nunca estuvo en verdad.

No dejas lo nuevo tampoco, porque te atrae, te apasiona, te rejuvenece… te hace sentirte sexy y deseada… pero sabes que no durará.

Te debates entre la novedad y la costumbre y sabes que de eso va la vida. Siempre hay algo nuevo y algo usado. Algo que te engrandece y algo que deja impasible.

Miras a tu "viejito" y suspiras, recuerdas, le brindas mil oportunidades para que rejuvenezca… pero no lo hace, nunca, haga lo que haga.

lunes, 1 de octubre de 2018

Miocardiopatía de Takotsubo

O síndrome del corazón roto.

Por lo visto se me ha roto el corazón, literalmente.

Básicamente el corazón es un músculo y yo tengo una especie de rotura en él.

Es la primera enfermedad que me dicen que tiene cura, pero tengo que mantenerme alejada del estrés, que es lo que me lo ha provocado.

Quizás tenía que haber ido al médico antes pero cada vez que empiezo a visitar especialistas entro en pánico.

Al menos esto, con mi medicación normal del corazón, alejada del estrés emocional y con reposo... se cura. Creo que lo único que estoy siguiendo es lo primero. El resto no porque tengo mi armario a medio hacer, así que de reposo nada. Y el estres emocional... pues juzgad vosotros mismos.

Mañana tengo que llevar a Pandora al veterinario. El mismo día que me dijeron lo de la mioadiopatía me enteré de que a Pandorita la habían disparado y tenía dos balines dentro del cuerpo. Mañana me dirán si al final la operamos o se los dejamos dentro.

Necesito buenas noticias. Unas pocas.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Miedo (tercera parte)


- ¡Tati corre! ¡que no llegamos al cole!
- ¿Qué hora es? – preguntó ella medio dormida
- Las 8:20 ¡Vístete! Desayunamos en el autobús – la contesté apurada

Mi pobre hermana se vistió como pudo mientras yo preparaba algo para comer en el autobús. Solo había un cuenco de carne picada cruda de la noche anterior. Eso valdría, no teníamos tiempo.

Me puse el disfraz de chulapa que me había hecho mi abuela y unos tacones negros que me había regalado Guadalupe. No tenía mantón pero eso valdría. Lo que no sabía era como iba a correr con esos zapatos.

Apareció mi hermana vestida con ropa normal y a mi me dio un vuelco el corazón.

- ¡Tati que es San Isidro, hay que ir disfrazadas!
- Me olvidé. ¿Me cambio Mia?
- No, déjalo, despídete de mamá que está acostada y yo meto tu disfraz en una bolsa. Te cambias en el cole – la dije mientras la empujaba hacia la puerta de la habitación de mamá.


Metí todo en la bolsa y cogí el paquete con la carne picada.

- Mamá dice que vengamos disfrazadas porque quiere ver como nos quedan los disfraces de la abuela. ¿Qué desayunamos? ¿Hay algo? – Me dijo mi pequeña con una sonrisa mientras miraba el paquete que llevaba en la mano.
- Es carne picada de anoche. Sobró un poco pero no hay otra cosa. Corre hay que coger el autobús peque.
- ¡Carne cruda! ¡Siii! ¡Nunca me dejas desayunar eso!
- Hoy es fiesta, es por eso, y no había otra cosa. Pero disimula en el autobús, a la gente le da asco ver a otros comer carne cruda.
- ¿Por qué? A mi no me da asco ver a gente comer manzana y odio las manzanas. La gente es rara Mia, muy rara – dijo mientras salía por la puerta.

Yo no pude evitar reírme de la seriedad con la que había dicho esas palabras. El mundo de mi hermana era muy simple a veces, pero solía tener razón.

Corrimos al autobús y luego recorrimos el parque para llegar a nuestro colegio.

Todo fue como siempre. Yo sola en mi mundo, sin contestar a nadie en clase, aguantando los insultos y puyas de mi compañero. Sola en aquel patio tan enorme donde nadie me hablaba y yo me preguntaba si alguna vez existiría para alguien.

Hacía un tiempo que me había propuesto no hablar con nadie de mi colegio. Todos los demás niños me parecían simples hormiguitas preocupadas por cosas que no tenían importancia en la vida que yo vivía.

Se “ajuntaban”, se “desajuntaban”… todo era tan simple y absurdo en sus vidas que yo apenas lo entendía.

- ¿Otra vez sola? - Era Sara, una repetidora que se empeñaba en sacarme alguna palabra de vez en cuando.

Se sentó a mi lado mirando al frente, como si así yo fuera a sentirme más cómoda. Quizás porque ella se sentía más cómoda si no miraba a esa niña extraña. Nunca supe por qué realizaba ese ritual tan extraño casi una vez a la semana.

-Leonardo está enfadado con Patricia. Por lo visto la regaló un colgante porque quería ser su novio, pero Patricia descubrió que lo había robado en una tienda y se lo tiró a la cara delante de todo el mundo.-

“Delante de todo el mundo. ¡Pues si que estaba despistada yo porque no lo había visto!” - pensé.

-Laura y Ana no paran de criticar a Patricia por haber tirado el collar. Cualquiera se lo habría cogido ¿No crees?, Leo es el más guapo de clase después de Dani o eso salió en el listado que hicimos. ¿Tu votaste?-

"¿Listado?" - pensé - "más bien lista de exclusión" 

No, claro que no había votado. Y desde luego no habría escogido al creído de Leo como el chico más guapo. Quizás Dani sería el más guapo pero tenía la misma cantidad de imbecilidad en el cuerpo que podía tener de belleza.

- En la lista de chicas tu saliste la antepenúltima. Por lo visto Carolina y Carmen son más feas que tú, según los chicos. Pero es una lista absurda. ¿Sabes quién te puso la primera? Dani

Giré la cara para mirarla sin poder dar crédito a sus palabras, pero en ese mismo instante decidí no salir de mi silencio. Dani. Increíble. Ese chico me odiaba. Desde que le habían sentado a mi lado se pasaba el día insultándome y provocándome para que le dirigiera la palabra y ahora resultaba que me consideraba guapa. Ojalá no existiera para él. Habría preferido ser la última de la lista por mayoría.

-Veo que lo de Dani ha hecho que te medio sorprendas. Es increíble, hasta tienes sentimientos. Los demás han puesto una cara peor que la tuya, de hecho Patricia se ha cabreado porque Dani te pusiera a ti en su lista, antes que a ella o a Virginia. Creo que Leo le ha dicho algo así como ¿En serio? ¿A la muda gilipollas? Y Dani le ha dicho, "juzgamos solo belleza, no simpatía y ella es la más guapa de nuestra clase" - Sara dijo eso imitando la voz de Dani y a mi se me escapó una sonrisa.

Era la primera vez que Dani y yo estábamos de acuerdo en algo. En fin, eso no solucionaría mi vida. Sara siguió con su charla, para mí era como el periódico del colegio. Su absurdo ritual a veces me sacaba de mis casillas. Escuchar cada día las historias del hormiguero que era el colegio para mi, era absurdo. Otros días, sin embargo, me hacían gracia las aventuras y desventuras de las laboriosas hormiguitas.

Sólo hablé una vez en toda mi vida con Sara, pero no fue ese día.

Salimos del colegio y vi a Tati vestida con ropa normal de nuevo.

- ¡¿Tati no te enteras o no quieres enterarte?! ¡¿Qué quieres?! ¡¿No ves que me vas a meter en un lío?! ¡A veces eres increíblemente idiota! ¡O eso o mala persona, no lo se!
- ¡Pero qué he hecho mal! – me dijo la pobre llorando
Nada, olvídalo – odiaba cuando me pasaba tanto con Tati. ¿Cómo había podido decirla algo así? – Mamá dijo que nos quería ver disfrazadas. Tienes que cambiarte.
No me da tiempo Mia. Lo siento. La profe dijo que nos quitáramos el disfraz y hay que hacer caso a las profes ¿no?

Su vocecita y sus sollozos me partían el corazón. La abracé fuerte y la dí un beso en la frente.

- Si, pero también a las madres que se cabrean demasiado – la dije guiñándola un ojo y abrazándola – Perdóname ¿Vale?
Si. Te perdono. Pero yo no puedo hacer caso a todos los que me mandáis. Si no se enfada uno se enfada otro y si no, te enfadas tú y eso es lo peor del mundo.
¿Me tienes miedo Tati? ¿Crees que yo te haría daño o algo así?
¡No!  Tu nunca. Pero a veces me gritas mucho y me asustas. A veces creo que no me quieres mucho y yo a ti te quiero más que a nadie en el mundo entero y hasta la luna.
Tati. Escúchame. Nadie en este universo te quiere tanto como yo. Más que a mi vida. Aunque me enfade y te grite a veces, incluso cuando lo hago, te quiero más que a mi vida. No lo olvides nunca por favor. Viene el autobús, ¡Vamos! ¡Cámbiate dentro!

Entramos por la puerta de casa con cuidado por si nuestra madre seguía durmiendo y oímos sus pasos desde el salón.

- ¡A ver mis niñas preciosas! – nos dijo mientras nos apartaba un poco para vernos mejor – Estáis increíbles. Mi madre siempre ha sido una gran costurera ¿Verdad? Voy a ver si os hago una foto ¡Venga! ¡Colocaos en algún sitio del salón!

Tati salió corriendo pero yo sabía que había algo mal en mi madre. Estaba demasiado contenta, eso no era bueno.

- ¡Mia quieres venir de una puta vez y ponerte con tu hermana! - me gritó

Me acercaba lentamente a Tati mirando fijamente a mi madre. Algo no funcionaba en todo esto y no acertaba a averiguar qué.

- ¿Qué llevas en la bolsa Mia?
Es la ropa de Tatiana. Se ha equivocado y se ha quitado el disfraz, se lo hemos puesto en el autobús para que la vieras – dije con apenas un susurro de voz.
Vale ¿Y a viene esa voz y ese miedo? ¿Qué pasa? ¿Muerdo Mia? – La sonrisa de mi madre mientras me hablaba me dejó helada y frené en seco.
No
Pues suelta la bolsa y ponte en la foto.

Dejé la bolsa en la entrada y me coloqué al lado de mi hermana. Mi madre no paró de hacer fotografías obligándonos a ponernos en distintos sitios, con poses que se la ocurrían a ella y luego nos dijo que nos fuéramos a merendar. 

Había magdalenas y colacao en la mesa de la salita. Había comprado un video de Disney para que lo viéramos todas juntas. Pensé que quizás me había equivocado. A veces no sabía si soñaba las cosas o eran reales.

- ¡¿Dónde están tus zapatos Tati?! ¡¿En la bolsa solo hay uno?! – gritó nuestra madre desde la entrada.

Tati y yo nos miramos. Esta vez no eran imaginaciones mías. Tati escupió la magdalena y se abrazó fuerte a mi. Lo habríamos perdido en el autobús. No revisé la bolsa de Tati. Era culpa mía. Me adelanté hacia la entrada para explicárselo a mi madre, pero antes de que pudiera decir nada, Tati la gritó desde el salón. Mi niña valiente… jamás olvidaré aquél día.

- Mami, se me debió caer en el autobús. Creo que lo he perdido - era obvio que el miedo la salía por todos los poros de su piel.

La cara de mi madre nos dejó inmóviles. Quizás ambas pensamos que no se enfadaría con Tati porque jamás la tocaba a ella. Quizás Tati pensó que así me salvaría. Quizás éramos todavía más ingenuas de lo que pensábamos…

- ¡Yo te enseñaré a no volver a perder un puto zapato! - Desapareció por la otra puerta del salón y se dirigió a la entrada.

- ¡Escóndete! – Le grité a mi hermana mientras corría a la entrada a parar a mi madre. Me la crucé por el camino con uno de sus zapatos de tacón de aguja en la mano - ¡He sido yo! ¡Es culpa mía! ¡Ni te acerques a ella! – Gritaba desesperada mientras intentaba agarrarla de un brazo - ¡Tati escóndete por dios! – Mi hermana no se movía. Estaba petrificada.

Mi madre se giró hacia mi y me pegó patadas y golpes con el zapato que tenía en la mano hasta que la solté y caí contra un mueble del salón. Entonces salió corriendo hacia mi hermana que todavía permanecía de pie en la otra puerta.

La golpeó tan fuerte en la cabeza con el tacón que la sangre empezó a caerle por la cara. Pensé que la iba a matar. Fui a la cocina y cogí el palo de madera de la escoba. Corrí con él en la mano y con todo el impulso que pude golpeé a mi madre en la cabeza, que cayó al suelo mareada.

Entonces seguí golpeándola en la cabeza y la cara. El palo se partía y algunas astillas se la clavaban en la cabeza, en la cara, en el hombro… El palo cada vez se hacía más pequeño y yo me arrodillé para seguir golpeándola con lo que tenía en las manos.

- Para por favor, para. – Era Tati agarrándome por la espalda – Para, la vas a matar. Te prometo que te abrazo si dejas de llorar y pegar a mamá. Te lo prometo.

Yo ni siquiera me había dado cuenta de lo mucho que lloraba. Solo veía la cara de mi hermanita llena de sangre. Nos sentamos en el suelo abrazadas a llorar justo al lado del cuerpo de nuestra madre.

- ¿Esta muerta? – dijo Tati susurrando.
- No lo se. Pero yo no me he muerto y me ha hecho cosas peores – la dije intentando calmar mi propio llanto.
Mia, ¿la empujamos a ver si está muerta?
Vale pero nos apartamos primero para que no nos coja si está viva.

Ambas nos arrastramos un poco por el suelo para apartarnos y yo estiré una pierna para darla una patada con el pie. Nada. Ninguna respuesta.

- ¿Que hacemos?. ¿Hay que llamar a los vecinos?. ¿Nos meterán en la cárcel de niños? – preguntó Tati desconsolada
Tati, no lo se. Vamos a lavarte la cara y te echo algo en la herida y lo pensamos.
¿Me vas a echar agua oxigenada?
Claro ¿no?, la abuela siempre nos echa eso. No te quejes ahora por favor, que estoy muy asustada.
Vale. Te lo prometo, aunque me duela no lloro.

Se levantó y me cogió de la mano para ir al baño. Nuestra madre seguía tirada en el suelo completamente inmóvil.

La lavé la cabeza con una esponja pero no la eché agua oxigenada porque pensé que lo mismo la podía llegar al cerebro o algo así. Todo nuestro mundo era una duda enorme en ese momento. No sabíamos cómo actuar, a quién llamar. Yo sabía que no existía la cárcel para niños pero no sabía qué harían con nosotras.

Levanté la vista y vi el reflejo en el espejo. Era mi madre. De pie. En la puerta del baño. Me quedé sin respiración. No teníamos escapatoria allí dentro. No sabía como protegernos allí. Había sido estúpida al no haber controlado las puertas de acceso como siempre. Todo lo estaba haciendo mal ese día.

- No vas a tocarla. Te mataré antes – la dije con un cepillo en la mano mientras intentaba poner a mi hermana detrás de mi cuerpo.
- Todavía no eres capaz de hacerlo pequeña bruja. Ya llegará tu día. Déjame ver la herida de tu hermana.
¡No!
¡Soy enfermera imbécil! ¡Déjame verla!
¡No, apártate! ¡Tú crees que no soy capaz, pero te mataré si la haces algo!. ¡Te lo prometo por mi vida! ¡Déjanos salir del baño y luego dejo que la mires!

Mi madre se apartó de la entrada y nos dejó salir lentamente por el pasillo. Mi hermana ni siquiera lloraba. No decía ni una palabra. - Atrás pequeña, a la cocina -  la dije yo mientras andaba marcha atrás por el pasillo mirando a mi madre con el cepillo en la mano.

La cocina tenía dos salidas, por el pasillo y por la entrada que también daba al salón, tendríamos escapatoria. Solo tenía que controlar las puertas.

Entramos en la cocina y tiré el cepillo para coger un cuchillo.

- ¡Ahora! ¡Ven y mírala!

Mi madre entró por la puerta de la cocina se acercó a mi hermana y la pidió que metiera la cabeza debajo del grifo del fregadero. Por lo visto la herida no era tan profunda pero había que llevarla a un hospital por si acaso, había decidido mi madre.

- Tu no puedes ir así, estás sangrando por la cara. Los médicos preguntarán mamá.
No voy a ir yo. Vas a llamar a la abuela y le dirás que te peleaste con Tatiana y la lanzaste uno de mis zapatos sin querer darla pero la diste en la cabeza. Le dirás que yo no estoy en casa y que tienen que venir corriendo a por la niña.
¡No ha sido ella! – gritó Tatiana
¡Calla y haced lo que os digo!. Es por tu bien pequeña, mamá se ha equivocado pero Mia lo ha hecho peor. Si decimos la verdad se llevarán a Mia por haberme dejado así la cara y amenazarme con un cuchillo. ¿Tú quieres que te quiten a Mia?
No – Tati empezó a llorar y me abrazó con todas sus fuerzas - ¿Decimos eso Mia? ¿Lo decimos verdad?
¿Y tu cara? ¿Como le explicarás eso a la gente cuando te vea?
Ya lo haré. Llama a tu abuela.

Yo sabía que nos estaba engañando. Ella no hacía nada por nosotras y si de verdad existía la posibilidad de que me separaran de ellas, mi madre la aprovecharía. Nos mentía, seguro, pero no sabía en qué lío nos estábamos metiendo o de qué lío la estábamos sacando a ella. Lo cierto es que la cara de mi madre estaba hecha un cristo. Esta vez yo había sido la peor de las dos.

martes, 25 de septiembre de 2018

El Duelo de un Niño

Anoche Vic lloraba de nuevo. Hablé con él, como pude, intentando contener mis emociones porque necesitaba a una mamá fuerte.

"¿Qué necesitas Vic?". "Si eliminas tu enfado ¿Qué quieres?"
" Que vuelva, que cumpla nuestros planes, que viva siempre aquí y se pelee conmigo y que te quiera mucho porque decía que eras la mejor novia del mundo y la mejor mamá de mundo"
" ¿Qué planes teníais?"
"Me iba a enseñar a conducir y yo iba a hacer el curso de buceo al año que viene"
"Cariño, al año que viene harás el curso de buceo. Eso no te lo quita nadie"
"Quería hacerlo para bucear con él"
"Ya, eso es duro, lo se. Pero si quieres aprender tiene que ser porque quieras, no porque quieres hacer cosas con otros"
"Yo quiero aprender y a conducir también"
"Pues lo harás"
"¿Por qué no nos quería mamá?. ¿Por que no quería cumplir las cosas que me decía? ¿Por qué me mentía?"
"No te mentía del todo. Mira cachorrito, todas las personas tenemos un "yo real" y un "yo soñador". El problema es que hay gente que tiene un "yo real" muy pequeño y uno "soñador" muy grande. Eso le pasaba a él. No es culpa nuestra. Nosotros le queríamos con nuestro "yo real". El nos quería con su "yo soñador". El "yo soñador" sólo sueña cosas Vic, cosas que no cumple, pero las sueña. El "yo real" necesita cosas, cosas reales. Ambos dicen la verdad, el "soñador", una verdad que no puede cumplir en el mundo real; el "yo real", una verdad que a veces choca con los sueños. A M le colapsaron sus dos "yoes" y no pudo seguir soñando con nosotros. Eso suele pasar cuando casi toda tu vida se mueve por el "yo soñador". El nos quería en sueños, hacía planes con nosotros en sueños. Y un día su realidad chocó con esos sueños. No es que nos mintiera, nos decía una verdad que no existía pero qué su "yo soñador" creía"
"¿Y ahora hace caso a su "yo real"?. ¿Y si su "yo real" era el nuestro?"
"Entonces habrá cometido el error de su vida  y echará mucho de menos su familia y los planes que teníamos"
"Pero mamá tú le echaste. ¿Y si te equivocaste?. ¿No pensaste que a lo menor estabas hablando con el "yo soñador" de M y que a lo mejor él se iba a perder nuestras peleas y bucear conmigo y enseñarme a conducir?"
"No se trataba de él cachorro, se trataba de mi. Yo sí hablaba con mi "yo real" fuera quien fuera la persona que yo tenía delante" "¿Tú quieres verle pequeño?"
"No"
"¿Por qué?"
"Porque estoy muy enfadado con él y quiero gritarle"
"¿Y qué le dirías?"
"Que es tonto y estúpido y un cobarde. Que tu eres la mujer más guapa del mundo y la más inteligente y la más buena y que está ciego si no lo ve. Que yo le quería mucho, hasta el infinito y que ya nunca le voy a querer hasta el infinito, nunca más"
"Se te pasará mi niño, te lo prometo. Y cuando elimines tu enfado, si todavía le quieres y quieres verle, dímelo"
"Un día nos dijo que si a ti te pasaba algo él estaría siempre con nosotros, no solo la tía Baby"
"Vic, amor mío, si a mi me pasa algo, tenéis dos tías que darían su vida por vosotros. No lo olvides"
"¿Crees que nos echa de menos un poco?"
"Si, seguro que a vosotros si"
"¿Y a tí no?. Si él decía que eras la mujer perfecta mamá. ¿No piensa en ti?"
"No, no creo que me recuerde lo más mínimo y si lo hace, lo hará con rencor por que le eché de nuestras vidas muy precipitadamente"
"¿Y por qué lo hiciste?"
"Porque él estaba poniendo sus necesidades puntuales por delante de las nuestras y de nuestra propia felicidad y estaba mezclando su "yo soñador" con su "yo real". Y yo, no se jugar a ese juego hijo, a veces hay que pararle los pies a la gente, porque si los dejas seguir por la senda que han tomado, no paran de hacerte daño. Así que puse mis necesidades por delante de las suyas"
"¿Sabes qué?. Creo que el M real era el nuestro y el M soñador es el de ahora"
"¿Eres más feliz pensando eso? ¿Te enfada menos?"
"Si"
"Pues agárrate a eso que te haga feliz"
"¿Y si pienso eso es que tú te has equivocado con él?"
"No cariño. Cometo errores, como todo el mundo, pero yo no puedo agarrarme a eso que dices, así que lo que he hecho es justo lo que tenía que hacer. Aunque os duela mucho a todos"
"Pero duele tanto, tanto, que a veces no puedo no llorar"
"Pues llora cariño, y si quieres y no puedes más enfádate conmigo. Yo soy tu madre, recuerda que te quiero hagas lo que hagas, digas lo que digas y pienses lo que pienses, siempre"
"No puedo enfadarme contigo"
"Si puedes cachorro. Siempre puedes. Yo jamás desapareceré de tu vida. Nunca. Soy lo más constante que tienes. Grítame a mi. Lo soportaré todo porque yo si que te quiero infinito y te quiere mi yo real y mi yo soñador"