Translate

lunes, 24 de diciembre de 2018

I'd rather

I miss the moments that we've had.
I miss even the problems,
even the silent,
and the mistakes.

I felt we completed each other.
And now I can't erase
your half,
living inside my heart.

But I'd rather love you
than hate you.
I'd rather try
than forget us.

I miss your shadow
behind me.
I miss your arms
around me.

I feel we are loosing something,
in the dark,
of a strange hole,
inside we've fallen.

But I'd rather love you
than hate you.
I'd rather try
than forget us.

I've awaken from the darkness.
I've seen our future and
I'm here awaiting for you
to go out from that hole.

But you can't alone.
And I can't help you,
cause you can't see me,
cause you can't feel my heart.

But I'd rather love you
than hate you.
I'd rather try
than forget us.

Fighting for you is so hard,
without your heart in the fight.
Fighting for us is so frightened,
by myself alone.

I have to stop forever.
I have to hide my heart.

I don't choose to love you
than to hate you.
I don't choose to try
than to forget.

To you

El error

He cometido un error y no se cuál fue. Quizás fue conocerte, quizás quererte. Quizás fue dar por hecho. Confiar. Creer.

Yo no te ignoré, nunca lo hice. Para mi eras especial... lo eres. Quizás debí ignorarte como dices que hacías tú conmigo. Quizás debí escuchar sólo lo malo. Quizás...

Mi mundo se llena de quizás. De posibilidades. De momentos en los que debí huir.

Todo se reduce a un día. Ese día en el que vi como se rompían los dos años más bonitos de mi vida.

Debí huir. Abandonar. En cuanto vi que yo jamás sería importante. Que siempre estaría ella por delante, que todo seguía cambiando en tu cabeza sólo con las voces de otros que no compartían su vida contigo. Y la mía... jamás sería escuchada.

Pero no lo hice. Te quería. Te creí. A veces aún te creo... en lo bueno. Pero lo bueno solo me lo dices a mi. No tienes valor de reconocerlo delante de la gente.

A veces te creo en lo malo.

Pero te quiero siempre. No consigo cambiar eso. Lo intento. Te odio con cada cambio de guión. Con cada mentira.

Pero odiándote te quiero igual.

Nada cambia. Y yo me asfixio. Y aún así, te quiero.

El error es quererte. El error es escuchar tus palabras "amor infinito", "puertas abiertas", " la única con la que volvería"...

El tuyo es escuchar los consejos de aquellos que no me conocen y nunca nos conocieron como pareja. No plantarte, ni decirles: "no sabes ni de lo que hablas, arregla tu vida y deja la mia en paz".

El tuyo es hacer caso a tantos consejos absurdos y tantas teorías falsas sobre mi.

El tuyo es hacer daño a los niños.

El tuyo es no tener el valor de decirles a ellos lo que me decías a mi y mantenerlo en el tiempo.

sábado, 22 de diciembre de 2018

La vida es larga

La vida es demasiado larga. Y eso que la mía será más breve que otras.

He pasado por demasiado. Pero lo que no soporto son mis enfermedades.

Hace poco me dijo mi padre: Tienes que aprovechar, sabes que acabarás en una silla de ruedas.

Lo sé. Claro que lo sé. Pero no sé cuándo.

Lo mismo es este nuevo brote el que me vence. Tengo demasiados órganos mal y demasiadas pocas ganas.

Lo mismo no.

Ya me he salvado dos veces de la silla y dos de morir. Pero se me hace largo. Muy pesado. Y siempre sola.

Acompañada, pero sola. En mi mundo,  tan negro en ocasiones, que me mata.

No es la primera vez que los médicos se equivocan y supero sus expectativas. Pero a veces, como hoy, me gustaría que tuvieran razón.

Estoy cansada. Tanto que me tumbaría a dormir y no me despertaría.

Tengo unos dolores horribles. Mucha presión en mi cabeza, la columna es como una barra de hierro que me ensarta, me arrancaba las costillas una a una, y las piernas... no las siento ni mías ya. Como si fuera un lego hecho con piezas que sobran.

Siempre digo que mi peor brote fue en 2011, pero no lo fue. Tardé un mes en conseguir andar 15 minutos seguidos. Luego me pasaba todo el día dormida por el esfuerzo. Casi muero en el hospital. Ni lo fue en 2014, con mi corazón a punto de estallar.

El peor fue en 2007. Cuando mis piernas dejaron de responder y mis manos también.

No me da miedo morirme. A veces no me importaría. Lo sé, no os gusta escucharlo. Me da pánico no salir de una de estas cosas. Quedarme en medio.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Los médicos

De nuevo la misma historia... "lo siento mucho, eres demasiado joven".

En algún momento se quedarán en el "lo siento mucho".

Hoy es un mal día. Demasiado dolor. Mañana será peor. Apenas puedo mover un lado. Me he roto ya dos dedos y ni me he enterado.

No sirve de nada pelear contra esto, ni contra nada.

"Paz emocional para mi cerebro"... pués qué fácil lo pintan cuando no son ellos los que sufren.

Si yo no tengo cura... al menos que la tengan otros. Es lo único que deseo ahora.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

El riesgo de amar

Y si te arriesgaras... ¿Qué pasaría?
Quizás morirías en el intento.
Quizás aprenderías a vivir eternamente enamorado.

La opción

A veces te quiero
como si fuera algo
necesario,
como si no supiera
no hacerlo.

Otras veces tengo
la opción
de no quererte
y te quiero igualmente.

A ratos


Tus errores me salpican
sólo a ratos
Tus aciertos me animan
sólo a ratos
Estas a medias, sin estar... a ratos.
A veces vacío... otras medio lleno... pero siempre protegido de nosotros.
Quieres sólo a ratos y desperdicias mi amor todo el tiempo.
A ratos... vislumbro tu camino y está a kilómetros del mío.
A ratos... veo que el tiempo pasa, sin más, y tú no pasas con él.

Para M

sábado, 27 de octubre de 2018

El amor real

Ese que tanto se me escapa.  Siempre he sido cualquier otra cosa, menos el amor real de alguien.

El sexo nunca fue importante para mi en una pareja. Era diversión. Diversión amoldable a cada relación. Sin más.

Lo aprendí de bien joven. Mi cuerpo podía utilizarse para mil cosas, mil fines... incluido obtener cosas básicas de supervivencia. Yo no era nadie cuando estaba con otra persona. Era una cosa, un juguete, un objeto, pero nunca una persona. No una mujer, o en aquella época, una niña.

Aprendí solo un camino. El que me enseñaron. Y a base de practicarlo con sufrimiento, descubrí la forma de "disfrutar" de aquello sin hundirme. Pero siempre tuve presente que no era persona para ellos.

Alguno lo intentó. Enseñarme otro camino. Uno bonito, suave, sin dolor... mirándome a la cara, besándome, sintiendo cada caricia, despacio... pero no podía, me sentía vulnerable, me sentía mujer, persona... y salía de aquello que conocía, para meterme en un terreno que me asustaba mucho.

No ser persona en la cama acababa trasladándose al resto de mi vida de pareja. Hasta el punto en el que yo dejaba de existir en todos los ámbitos, mis sentimientos no contaban y por mucho que yo luchara por existir... ya no había nada que hacer.

Un día conocí a alguien a quien creí capaz de separar ambos territorios. Amor y sexo. Alguien que podía tratarme como un juguete en la cama, pero como una persona fuera de ella.

Me conformé con ello. Llegué a pensar que quizás era lo correcto. Pero me equivoqué.  Siempre se traspasa ese muro y siempre en el mismo sentido. El juguete pasa a serlo siempre, en todos los aspectos de su vida.

Cuando desaparece la atracción sexual, la chispa... todo desaparece. Yo desaparezco. Ya no soy el juguete favorito de nadie. Y descubres que debajo de eso no hay nada. No hay amor real.

Que se enamoraron de tu físico, de tus juegos sexuales... pero nunca de tu persona. Y desaparece todo y van en busca de algo nuevo.

El amor real... ese que hace que mires a tu lado y pienses "me siento orgulloso de lo que soy con esta persona, de lo que estoy construyendo"... Eso jamás lo tendré.

Soy la puta favorita de todos, hasta que no soy nada. Dejo de existir.

Algunos buscan luego amistad. Es fácil para ellos, no sienten amor y son felices sin mi. Pero yo no puedo dársela.

Un día R me dijo que a veces sentía que yo era un divertido videojuego, que podía apagar y encender a su antojo. Duro, horrible que te digan eso después de año y medio. Pero es la realidad que vivo.

Es el único que se ha disculpado. Lo dijo en el País Vasco. Delante de un montón de amigos: "Te quiero. Siento haber sido tan gilipollas y haberte tratado tan mal".

Sus propios amigos se sorprendieron y la madre de uno le dijo: "pues empieza a tratarla bien, porque se lo merece".

Es la única disculpa pública y sincera que he tenido en mi vida, mirándome a la cara, y os juro que verdad sentía lo que decía. Jamás tuve ninguna más así.

El amor real. Aquel por el que se lucha con uñas y dientes. Aquel por el que mereces la pena para la otra persona... eso nunca lo he tenido.

Debí intentarlo al revés. Pasar mi vida, mi comprensión, mi amor... a la cama. Y tener por una vez en mi vida, sexo con amor. Pero no lo hice. Ni siquiera habría sabido por donde empezar. Y tampoco lo habría querido ninguna de mis parejas porque yo les gustaba así y solo así.

Perdía las ganas porque me aburría de no ser, de no existir... y cada vez todo se distanciaba más. Hasta que para ellos desaparecía y se acababa todo, porque ya no merecía la pena. Ya era un juguete sustituible.

El amor real... aquello compuesto de amistad, de amor sincero, de confianza, de sinceridad, de lealtad... yo si lo he sentido, solo una vez en mi vida, lo he sentido. Pero no siento que jamás nadie lo sintiera por mi, porque todos perdían lo mismo y, debajo de ello, no había nada por lo que mereciera la pena luchar.

Cuando se acababa solo te quedaba haber sido nada, menos que nada. Y era durísimo aceptarlo.

Ahora ni siquiera puedo. Aborrezco que me toquen en ese sentido. Que me besen en ese sentido. Aborrezco que me miren como si fuera la mujer mas bella de su mundo.

No lo quiero. Me hace sentirme nada. Pero nunca aprendí a ser otra cosa. A ser querida, amada de verdad, en la cama. Y no sabría hacerlo. Necesitaría mucha ayuda que nadie va a ofrecerme. Porque yo no inspiro amor real en nadie, inspiro solo sexo y después nada.

Al final he vuelto a hablar con R. Siempre le dije que no era el principe azul, que era el malo del cuento. Pero en mi cuento, que es una puta novela de terror... fue el malo más valiente. El único que me miró a la cara, delante de mucha gente, para disculparse y prometerme un cambio. El único que me hizo sentir, por un momento, que yo existía fuera de la atracción física, el enamoramiento o el puro sexo.

Mi malo del cuento, fue el malo más bueno al final.

No quisiera morirme sin saber lo que es que te amen con amor sincero. Pero creo que eso no está hecho para mi.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Como pasar un duelo

Veo gente muy triste siguiéndome y creo que debería explicaros algo importante para mi, que quizás, sólo quizás, os ayude a superar determinados traumas.

Muchos conocéis las etapas del duelo. Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación.

Cuando pierdes a alguien, ya sea por muerte, por separación o divorcio... por lo que sea, pasas por todas y cada una de esas etapas.

Hay muchos tipos de duelo y los hay que duran años. A veces una de esas fases te atrapa y no sabes salir de ella. Esto puede destrozar toda tu vida.

Hace muchos años perdí a un ser querido. Alguien que hablaba conmigo todos los lunes, que me comprendía, con quien no me sentía sola y me sentía protegida.

Llegué a la depresión y me quedé ahí. Me quedé meses y meses ahí hasta que todo mi mundo se volvió negro. Escuchar a la gente era imposible. Oía sus voces pero mi cabeza no era capaz de entender qué decían. Me aburrían.

No soportaba el contacto físico, me sentía invadida, sentía que cada abrazo me estaba quitando algo de mi y me aislé del mundo todo lo que pude.

Dejé mi trabajo porque no era capaz de centrarme en nada. Me dedicaba a dar paseos por la calle y ni siquiera sabía donde iba, sólo andaba.

Fueron muchos meses en los que ni siquiera lloraba... solo sentía que mi vida había acabado, que ya no soportaba más tristeza, más pena, más horrores, que ya no quería tirar de ningún carro.

Me bajé del tren de la vida y me quedé mirando el mundo,  como si yo ni siquiera estuviera dentro.

Mi exmarido se sentó a mi lado una noche, llorando: "Ayúdame a ayudarte" me dijo. "No se qué puedo hacer, estoy desesperado, no se lo que piensas, lo que sientes, no sales del agujero donde te has metido y yo me estoy muriendo sin ti".

Quizás fue lo más tierno y bonito que me dijo en mi vida. Quizás fuera lo más tierno y bonito que él había dicho en su vida.

Mi respuesta sin embargo, le destrozó. Se paso años echándome en cara aquel momento, incluso después de nuestro divorcio.

"No te quiero" - le dije mirándole a los ojos - "Creo que en estos años he dependido emocionalmente de gente que me rodeaba, de gente como tú y ahora no puedo seguir" - "He descubierto que no te quiero, que no me sirves, que no me sirve nadie, sólo me sobras" - "Ni siquiera puedo admirarte o admirar a nadie" - "Estoy agotada de vosotros, de la vida, de miraros a la cara y no sentir nada" - "Te escucho hablar y lo único que pienso es: Ojalá se callara y me dejara ya en paz" - "No creo que quiera querer más, siento que no me queda nada que darle a nadie, lo siento"

Nada de lo que le dije era cierto del todo, pero yo lo sentía en aquel momento. Me había encerrado en la depresión y no salía de allí, pero él no lo entendió. Tomó mis palabras de manera literal y jamás las perdonó.

Salí de aquella fase porque fui consciente de dónde me había metido. Y eso me costó muchísimo. Empecé por cosas pequeñas, me puse objetivos muy pequeños, y paso a paso fui saliendo sola de todo aquello. Entendí con el tiempo lo que me había pasado.

En otros duelos me había quedado en la ira atrapada y eso había sido más sencillo,  pero quedarse en la depresión es lo peor que te puede pasar. Lo peor con diferencia.

Mi duelo había empezado antes de su muerte, cuando le veía agonizando en la cama. Tuve esperanzas hasta el último momento de que saliera adelante, de que ocurriera un milagro. Daba igual lo que me dijeran los médicos, daba igual que estuvieran simplemente ayudándole a morir sin dolor. Yo no fui capaz de aceptar lo que estaba sucediendo. 45 días pegada a su cama, viéndole agonizar y sin aceptar que le estaba perdiendo para siempre.

Ni siquiera me despedí. No supe hacerlo.

La ira y la rabia llegaron tan fuertes en ese momento,  que rompí una pared a puñetazos y ya de paso me rompí las dos muñecas. Grité tanto,  que me quedé sin voz durante semanas.

Recé. Yo. Recé. Pedí mil veces que me lo devolviera, que me durmiera y todo fuera un sueño en el que,  al despertar, él estuviera allí compartiendo conmigo, de nuevo, nuestros lunes. Intentaba negociar con Dios, un Dios en el que ni él ni yo habíamos creído nunca.

Y al fin entré en una depresión tan profunda que ya no me quedaban ni lágrimas que compartir con nadie. Mi cabeza estaba llena de sus frases, de su olor, de su voz y no había nada más que pudiera entrar en ella. Mi corazón literalmente se vació de todo sentimiento que no fuera la pena más profunda.

El duelo. Lo he pasado tantas veces en mi vida que me acostumbrado a él.

Aquella vez me costó mucho tiempo llegar a la aceptación, a entender que le había perdido para siempre. Pero llegué y fue en ese momento cuando empecé a llorar.

Muchos sabéis que cuando paso un duelo retiro todo aquello de mi vista que me recuerde a esa persona. Todavía, después de 14 años tengo y tendré toda mi vida, su foto en la mesilla de noche para verle todas las noches.

A veces es para recordarle y recordar nuestras conversaciones. Otras, en los momentos de duelo, es para recordar que no puedo quedarme estancada en ninguna fase,  porque eso me mata.

El duelo por la muerte de un ser querido es irremediablemente mucho peor que cualquier otro duelo. De eso no hay duda. Pero ni en ese momento puedes permitirte quedarte en una fase y eso sólo se consigue siendo consciente,  realmente,  de lo que estás pasando y obligándote a pasar por cada una de las fases,  sin parar demasiado en ninguna.

Ocurrió otra muerte años después. El suicidio de una amiga. Ahí casi me consume la ira, llegué a odiarla,  pero acabé perdonándola. No me quedaba otra.

Preparé un plan: Mi vida siempre estaba llena de duelos y tenía que saber enfrentarme a ellos sin perderme a mi misma.

Mi vida era triste, siempre lo había sido. Y yo sabía vivir en esa tristeza, me manejaba bien, no me impedía seguir andando el camino, pero decidí que tenía que aprender a controlarla, a que no me consumiera.

Realmente nadie es tan importante en tu vida como para que te consumas con su desaparición. No lo es, creedme. Tú eres más importante que los demás, eres la única persona que va a seguir contigo todo el camino.

El Duelo. Siempre he creído que el nombre que alguien le puso es el correcto. Sufres un duelo interno, pero a la vez externo, luchas contra ti mismo y contra la realidad.

Os contaré mis pasos, por si a alguno os sirven:

La Negación: Es la no aceptación de lo que está ocurriendo, pero tienes que obligarte a aceptarlo. A veces de la manera más absurda del mundo. Mi técnica es pegar papeles por toda la casa, en todos los espejos, en todas partes. Papeles que me recuerden constantemente la realidad para acabar aceptándola dentro de mi, ocurra lo que ocurra en el exterior. Os pongo un ejemplo de mi último duelo:



Obviamente tienen que ser mensajes que tú creas ciertos. Toda la casa se llenó de frases suyas hirientes, de pensamientos míos y poco a poco eso me hizo ir aceptando la realidad.

Mientras haces eso tienen que cambiar poco a poco tu realidad. Empezar algún proyecto, el que sea. Yo retiré todas sus cosas de casa el primer día. Todas. Y me puse a redecorar mi buhardilla. 

Siempre había ocupado él el mejor espacio y ahora era toda para mi. Creé mi despacho, mi estudio, mi rincón de costura y mi sala de música. Todo quedó tan bonito que subir a la buhardilla era un placer.

Pero con eso no basta, tenéis que quitar de vuestra cabeza todo lo que os recuerde a él. 

Empecé con mi habitación. Mía ya, no nuestra. Pinté los muebles, los envejecí, pinté el armario entero, cambié la lámpara, creé una escultura mía para el cabecero que yo misma tapicé y diseñé mis propias cortinas. A partir de ese momento no sólo pude dormir sola en mi cuarto, es que dormía bien, como no había dormido en meses.

Esto duró las dos primeras semanas, y como sabes que millones de veces te vendrá el arrepentimiento y el querer volver y la ira, sobre todo la ira porque no paras de leer los mensajes que te has escrito (y en mi caso los suyos contradictorios), haces dos cosas:

Una, dar rienda suelta a tu IRA. De esta manera todo lo que se ha dejado en casa y no se ha llevado el día que tú impones, queda destruido y sustituido. Pero a la vez haces caso a tu otro lado y le das una segunda oportunidad para ver si reacciona (NEGOCIACIÓN).

No os sintáis mal si no reacciona, es lo normal. Cuando algo se acaba, se acaba; y lo mejor es acabarlo. Pero si no das esa segunda oportunidad, siempre te queda la espinita clavada.

Al darla en el momento de más ira, tu mismo no te crees ni lo que estás haciendo y eso está bien, porque la ira te va a proteger de sus futuras respuestas y creedme, sus respuestas suelen ser la peor basura que tengan en su interior.  

Cuando terminé mi habitación cambié dos cosas más: 

El baño de la habitación, que lo había ocupado él entero y yo me había ido abajo. Convertí el baño de mi cuarto en mi pequeño oasis de paz. 

No necesitáis hacer obras y gastar dinero, solo restaurad cosas y cambiadlas de sitio y de aspecto, eso vale. Puse todas mis cosas ordenadas en mi cuarto de baño y cree mi propio espacio,  que ya nadie jamás invadiría.

Y el garaje, que él lo tenía ocupado con cosas de su otro piso y con su moto y lo convertí en mi propio gimnasio,  en el que hago ejercicio todos los días.

En tres semanas, lo que duran mi negación, mi ira y mi negociación, no paré hasta cambiarlo todo.

Entonces viene la depresión, pero ha de ser controlada también. Para mi es la peor fase, la fase crítica. La mía empezó con una llamada telefónica.

En esta fase hay que llorar, es necesario, incluso cuando estás siempre en movimiento y yo lo estaba con mi casa,  mi nuevo negocio y mis nuevos clientes, debes buscar momentos de llorar amargamente. Es necesario sufrir, sentir el daño que te han hecho.

Aquí separamos dos duelos, es importante hacerlo. No es lo mismo que alguien muera a que alguien se vaya o le eches de tu vida. Cuando alguien muere no puedes hacer desaparecer sus recuerdos para siempre. Te hundirías más tarde por no tenerlos.

En una separación, lo mejor es romper las fotografías, borrar las que tengas en tu ordenador y tu móvil, tirar a la basura todos los regalos que te hayan hecho o cualquier cosa de dentro de tu casa que te recuerde a esa persona.

En un fallecimiento no se tira nada. Se esconde hasta que te recuperes y puedas verlo mucho más tarde y llorar de nuevo, pero rodeada de recuerdos bonitos. 

Yo tengo una maleta roja. Ahí guardo una cosa de cada persona que me ha hecho daño, para no olvidarlo si vuelven a mi vida, pero también guardo lo que tengo de las personas que fallecieron y a las que adoraba. Jamás le enseño esa maleta a nadie y no suelo abrirla nunca. Por algún motivo no supe guardar nada de él.

Dentro de tu depresión debes recordarte que todo tiene un límite, que eres fuerte, que mereces más, mucho más y que te queda toda una vida de experiencias por delante. Así que sustituyes los carteles anteriores por carteles más optimistas, de ánimo, que también estarán por toda la casa. Os pongo este ejemplo, pero en mi casa ha habido muchos mensajes de ánimo.

Oblígate a leerlos. Al principio ni te los crees y los lees llorando, pero luego se te meten dentro. Primero es una posibilidad de que sea cierto lo que te dices a ti misma. Luego te das cuenta de que es una realidad. Da igual el tiempo que los necesites en casa, el tiempo dentro de una depresión es relativo.

No te cierres puertas a nada, mientras en tu soledad lloras. 

Yo me pongo un límite, no puedo superar un mes en depresión.

Conoce más gente, métete en aplicaciones de internet si hace falta, conocer gente nueva es bueno, no saben tu historia y tú puedes escuchar otras historias,  que hacen que veas que el mundo es mucho más grande de lo que te parece a ti, dentro de tu depresión.

A mi ex le conocí de la misma manera, para olvidar al ex anterior, siempre funciona, conocí a varias personas durante meses y me quedé con éste porque parecía el más cariñoso,  aunque ni de lejos era el más atractivo. Aunque no os lo creáis, nadie, absolutamente nadie es imprescindible en tu vida y te das cuenta de eso viviendo cosas nuevas y obligándote a moverte.

Habla con esa persona en tus malos momentos, pero habla solo en tu cabeza. Aunque creáis que no sirve, sirve de mucho. Te desahogas contigo mismo. Desahogarte en persona no sirve de nada, porque esperarás respuestas de esa persona que jamás te va a dar. Esta vez yo cometí el error de contestar a sus mensajes (que seguía enviandolos) y eso es un error porque contestas con todo tu dolor y haces daño. No lo hagáis. Aunque os lo estén haciendo.

Bloquéale mientras pasas por estas fases. No eres fuerte como para aguantar su mierda y no tiene sentido. Son capaces de hacer muchísimo daño y tu duelo entonces nunca acaba.

Desbloquéale cuando seas fuerte para aguantar sus tonterías. Si tardas un año como si tardas diez o no puedes hacerlo en toda la vida. Da igual.

Es un consejo. Yo esta vez no lo he seguido y he sufrido mucho por ello. A veces no me hago caso. Aunque esta vez me he ignorado demasiado. Más que nunca en mi vida. Así me ha ido. 

El duelo. A veces es hasta bonito pasarlo. Te hace más duro y te da la oportunidad de experimentar cosas nuevas y conocer gente nueva. Saber en qué te equivocaste y con quién deberías disculparte. A quien perdonar y a quien no.

En fin, espero que os ayude. Si queréis que profundice en el duelo por un fallecimiento de un ser querido, lo haré, pero es mucho más difícil y dura mucho.

jueves, 11 de octubre de 2018

Un día...


Caminas sin rumbo fijo, balanceándote con las olas de un mar que tú mismo creaste.

Viajas en un barco de papel, pequeño, lleno de cosas que ni valoras.

Te sientes seguro en esa inseguridad, en tu tristeza, en tu negrura, en lo único que conoces.

No te acercas a la orilla porque te puede el miedo. Tienes pavor por lo desconocido.

No arriesgas. Ni siquiera lo intentas. Te engañas a ti mismo. Te pones excusas.

Escondes tu miedo entre esa multitud de cosas sin sentido, de recuerdos olvidados, de te quieros sin significado.

Culpas al valor, culpas al amor, culpas al calor de los besos, a todos aquellos sentimientos que te esperan en la orilla. Culpas a mi corazón.

Un día tú barco se hundirá, tendrás que nadar a la orilla y ya no estaré. Sólo habrá arena, viento y soledad.

Verás que aquella seguridad te impidió ser feliz.

Verás que aquellas cosas materiales no pueden quererte.

Verás que tienes todas las palabras bellas en tu interior y que ya nadie las escucha.

Verás lo que es la verdadera soledad, la pura tristeza, la auténtica negrura.

Ese día será tarde.