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jueves, 22 de mayo de 2014

Ana y Veca

Qué diferentes éramos. Tú, tan enamoradiza, con la continua ilusión de casarte de blanco, en una iglesia con más de 400 personas mirándote y admirándote.

Querías tener cinco hijos. Cinco!, ni más ni menos. Tenías tu futuro completamente planeado.

Yo, siempre desilusionada con el amor. Esperando nada. Odiando las bodas. Sin ningún deseo de ser madre, sin planes…

En navidades me preguntaste en qué momento nos cambiamos los sueños. Nunca lo hicimos Ana. Es que ambas tuvimos lo que no queríamos tener.

Me encantaba escuchar tus historias. Tus planes, tus sueños, tus realidades inventadas…

Hoy recordaba que te enfadaste conmigo por no saber qué libro eras en mi vida. “Después de todo lo que hemos vivido, reído, llorado… ¿tú eres mi maldita Biblia y yo no soy un puto libro de tu vida?”. Si lo eras. Pero no se me ocurrió cuando escribí aquel post. Se me ocurrió ayer. Se me ocurrió cuando ya no servía de mucho. Eras un libro de cuentos y leyendas, lleno de historias cortas, sorprendentes y llenas de vida.

Cuando te encontrabas mal me llamabas y me decías “dime eso que dice la loca de lo que el viento se llevo”. Yo te decía “Mañana será otro día. Te quiero Ani”. Y colgabas.

Eso fue lo último que hable contigo. Después de publicar el blog de lo de la boda. Me llamaste y me dijiste “mañana será otro día. Te quiero” y colgaste.

Deje de llorar después de tu llamada. Odio llorar y tú odias que lo haga. Siempre te hacía sentir impotente y frustrada. Eras de esas que pensabas que cuando yo me hundía se acababa el mundo.

Mi mundo cambia sin ti. No será igual. Es difícil conocer tanto a alguien. Saber cuándo te miente y cuando te dice la verdad, saber lo que siente solo con una mirada. Eras una de mis personas.

Hoy recordé que te ponías a cantar cuando bloqueaba tu voz en mi cabeza porque me saturabas. Yo reconectaba a la conversación y estabas cantando y sonriendo y me decías “te pillé!. Reconócelo!”. Y nos empezábamos a reír las dos.

Nunca volvimos juntas a Irlanda. Tu siempre decías que había que volver allí donde nos conocimos. Empezar de cero en el mismo punto. Creo que jamás entendí lo que querías decir con eso. Supongo que era una de tus frases. Esas que decías y luego no reconocías como tuyas porque eran “demasiado profundas para una tía tan superficial como tú”.

No entiendo esto Ana. No entiendo lo que ha pasado. No soy capaz de imaginarlo. Esta no era la manera en la que ibas a salir de tu “mierda” de vida. Ahora soy yo la que me siento frustrada.

Necesito odiarte. No puedo hacer otra cosa. Si estuvieras aquí podría pegarte un guantazo y pedirte una explicación. Nadie se va así. Nadie se debería ir así. Dios, cuanto te odio ahora mismo!. Es como si me hubieras devuelto toda la frustración que tú sentías cuando yo me hundía. Ahora es mi mundo el que se cae y necesito gritarte. Necesito tu voz al otro lado del teléfono diciendo “mañana será otro día. Te quiero”.


Hoy se me hace horrible todo esto y sigo sin llorar. Por ti, por mí. Porque te quiero y no quiero que te sientas impotente y frustrada. Hoy necesito ser tú y que tú seas yo. Hoy quiero llorarte y que tú me abraces a mí y me digas que todo tiene solución. Hoy quiero que tú bloquees mi voz en mi cabeza y yo tenga que cantar una canción para pillarte. Hoy soy yo la que quiero que me digas “estás en mi círculo”. Hoy eres tú mi biblia.