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jueves, 22 de mayo de 2014

Calificativos Absurdos

¿Cómo se mide la fortaleza de una persona?. Me parece algo tan curioso. ¿Os habéis parado a pensar eso?. 

¿Cuántas personas a vuestro alrededor pensáis que son fuertes?. ¿Y alguna vez lo pensáis de vosotros mismos?.

Yo lo he oído tantas veces que me he cansado. La fortaleza no se mide por la cantidad de problemas que hayas tenido en la vida. Ni por lo graves que hayan sido, sino por las veces que te has levantado cuando te has caído, para volver a intentarlo. Esa es la medida. Y según ese rasero, la mayoría de la gente que conozco es fuerte. Porque se han levantado siempre que han caído y lo han vuelto a intentar.

Si, es cierto, conozco gente metida en su mierda. Te hacen daño una vez y decides inmunizarte, no sentir más. Y en cuanto sientes un poquito, huyes, no vaya a ser que te vuelvan a hacer daño. Esos son los débiles. Los que no merecen la pena. No valen nada. Están completamente vacíos. Yo he sido muy débil y os aseguro que prefiero sentir dolor a tener miedo de sentir.

Yo lo siento todo, lo bueno, lo malo, lo regular… Merece la pena reír de alegría y llorar de amargura. Es la vida, te enseña a cada paso.

Luego está el valor. La gente valiente. Otro calificativo absurdo que utilizamos para la gente que ha realizado un acto que por algún motivo nos parece heroico. ¿Heroico?. Los cojones. El valor es tener miedo a hacer algo, pero hacerlo igualmente. Eso es valor. Y hay mucha gente valiente en el mundo. Pero también muchos cobardes. Y ninguno de ellos, ni el valiente ni el cobarde tienen que ser fuertes.

Ser fuerte es fracasar, romperte en pedazos y recomponerte para volver a entregarte  de nuevo, entero, así, sin más. Hay gente que conozco, que me consideran a mi fuerte y sin embargo no son capaces de ver en ellos la verdadera fortaleza, la que tienen innata.

Yo fui valiente en algunos momentos de mi vida. Dentro del miedo, a veces pavor, tome decisiones, algunas erróneas, otras acertadas, pero las tomé. Nunca me bloqueé. Las tome llorando, desesperada, frustrada, aterrorizada, pero lo hice. Me ha costado años ser fuerte, saber avanzar. Eso es más complicado.

Todo el mundo puede tomar decisiones en momentos críticos. En determinadas situaciones el valor sale solo, no queda otra. No tiene ningún mérito, se trata de tu supervivencia. Pero ser fuerte es superar el trance de después. El dolor, la angustia infinita. Y volver a empezar. Eso cuesta un mundo. Yo lo sé bien y admiro tanto a la gente que es capaz de hacerlo una y otra vez... ¡Qué ejemplo dan sin saberlo!.

Utilizamos calificativos a veces sin saber de lo que hablamos. Creemos que los que han vivido dramas o han tenido que luchar por sobrevivir, por vestirse, por comer cada día… son fuertes. Pero no, esos son solo valientes. Si tienes hambre, tu cuerpo te lleva a buscar comida; si tienes frio, buscas la manera de abrigarte; si te atacan, te defiendes; y todo eso lo haces a veces de las maneras más insospechadas, a veces comiéndote tu orgullo, tu vergüenza, tu miedo. Solo eres valiente. Lo haríamos todos. El fuerte busca comida, se abriga, se defiende y además se recompone, no pierde la esperanza.


No sobrevaloréis tanto a la gente. No merece la pena. Los héroes no son los valientes. Los héroes sois vosotros, cada día.