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martes, 22 de octubre de 2013

Bolas de papel


El miedo, el orgullo, la falta de sentimientos… no lo se. A veces no se cual es la causa, pero ocurre. Hay personas que ponen un freno y no son capaces de avanzar más, porque no pueden, o no quieren. Quién sabe, ni siquiera importa el motivo realmente.

Buscan que avances tú, pero cuando lo haces, una y otra vez, te das contra el muro que ellos mismos han construido. El mismo muro, pero pintado de otro color.

Como mucho puedes escribir cartas y lanzárselas por encima, para que las lean, para que sepan que estás ahí, que no te apetece rendirte porque tú has roto tu propio muro.

A veces las leen, y se las quedan, y te hablan por una ventanita del muro, dándote una pequeña esperanza. Otras veces, cogen todas las que se han guardado, hacen bolitas de papel y se dedican a tirártelas por encima del muro, con un mensaje claro: No vas a pasar de aquí.

En un intento de dejar una huella, haces un grafiti en su muro. Uno pequeño, casi imperceptible, para que sólo lo sienta pero no sepa donde está, para que no descubra su escondite y no lo borre. Pero siempre lo descubren, y se afanan en pintar encima para que nadie los vea.

Un día paseas alrededor del muro, con el afán de encontrar un hueco, pequeñito, que te permita entrar dentro y te das cuenta, con toda la tristeza del mundo, que no eres más que muchas otras personas, que también están detrás, como tú, que también lanzan cartas, como tú, y que también tienen pequeñas ventanitas por las que hablan con el dueño del muro y acumulan pequeñas esperanzas.

Entonces te arrepientes infinitamente de haber roto tu muro y vuelves a construirlo, con paciencia, pero más sólido aún que la vez anterior, tapando cada hueco con un pedazo de tu esperanza, y pintando la fachada con el color de tus propias lágrimas.

Yo he roto mi muro. Y ahora toca volver a construirlo. Sin puertas, sin ventanas, sin un mísero agujero por donde pueda entrar una brizna de aire.

Se me acabaron las lágrimas. Sólo puedo pintarlo con los pocos pedazos de corazón que me quedan aún sabiendo que, un muro pintado con el corazón, es indestructible y que jamás llegarán cartas de aquellos que intenten traspasarlos. Pero tampoco volveré a recibir bolitas de papel hechas de mis sentimientos.