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domingo, 5 de enero de 2014

Amistad?

Me está agotando el proceso. Estoy perdiendo la ilusión por las cosas.

He roto mi amistad con una amiga. ¿Amistad? Me preguntaron ayer… no, puede que no lo fuera. Yo era su amiga, ella no era la mía. Nunca estuvo cuando la necesité. Pero yo le cojo cariño a la gente. No puedo evitarlo. Y me equivoco, una y otra vez.

Algunas personas se convierten en mis prioridades y yo, sin embargo, ni siquiera existo en su lista. Me decepciono una y otra vez al ver como ponen una lista interminable de cosas por delante de mis necesidades mientras espero, no se a qué. A que un día les importe?, a que un día exista de la misma manera que ellos existen para mi?… no lo se.

Debería hacer caso sólo a aquellos que se preocupan. Aquellos a los que les importo algo, o mucho… aquellos que vienen a verme cuando estoy enferma, que me llaman, que me preguntan y se interesan por saber cómo estoy. Mis amigos de verdad. Mi hermana, mi prima, Cano, Ana, Jorge, Javi, Espe, David, Bea, en definitiva, los de siempre. La gente a la que quiero y que me quieren.

Sin embargo cometo este error una y otra vez. Meto en mi vida a gente que no debería estar. Gente de la que no puedo esperar nada más que ambigüedad, distancia e incertidumbre. Gente para la que no existo.

Ahora, desde la distancia, me resulta extraño como me he aferrado a algunas personas estas navidades. El peso que les he dado y lo mucho que me han despreciado.

Me resulta extraño como voy dando importancia a la gente, como, según voy conociéndoles (o lo que sea), voy confiando. Como me creo expectativas y me ilusiono. Como vivo una realidad distinta a la que viven ellos.

A veces se trata únicamente de que compense. Si te compensa volcarte en alguien lo haces, si te compensa ver a alguien, lo haces. Da igual el esfuerzo que suponga, simplemente lo haces porque te compensa. A ellos no les compensaba, por eso el esfuerzo era mínimo, por eso habia una lista infinita de prioridades por delante de mi, por eso no se esforzaban, no lo intentaban, no les merecía la pena. Acuden a otros lugares, a otras personas, en cuanto les necesitan, porque esas personas les merecen la pena, existen y no les importa nada el esfuerzo.

No sólo fue mi amiga. Fue más gente. El que sólo se acuerda de mi por su propio interés físico, el que se acuerda de mí porque necesita un favor y el que no se acuerda de mi en absoluto. Todo en la misma semana.

Si te quejas, si no puedes más. Se enfadan. Dicen cosas como “no haber esperado nada”, “he estado liado, tampoco te quejes”, “yo siempre fui así”… No te dan ni un respiro. No se ponen en tu piel, no ven nada de lo que has hecho como un regalo. Lo ven todo como una obligación tuya. Si lo haces es porque quieres y no te cuesta esfuerzo. No ven que no es así, que sí te cuesta esfuerzo, porque ellos no se esforzarían ni lo más mínimo por ti.

El caso es que he esperado cosas que me dijeron de palabra, no me las inventé. Pero la gente escupe las palabras, no se paran a pensar lo que dicen… simplemente lo dicen porque es lo que quieres oir y les interesa que sigas a su lado. El caso es que no me vale un “he estado liado”, porque yo también lo estuve y fui a recogerle al quinto coño y a traerle de un concierto porque no tenía coche y me necesitaba. El caso es que “no siempre fue así”, empezó así, empezó con límites, con trabas, asegurando que desaparecería prácticamente al día siguiente y acabó diciendo mil cosas que nadie le pidió e intentando convencerme de que estaría en un futuro que yo no quería imaginar.

No vi las señales. Si estás en un hospital y no tienen tiempo de ir a verte, en dos meses, es que no existes. Si solo se acuerdan de ti cuando necesitan favores, es que no existes. Si te eliminan de sus historias y te hacen invisible completamente a ellos mismos y al resto del mundo, es que no existes.

Esta es la canción que nunca me dedicaron.