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miércoles, 6 de agosto de 2014

A mi hija

Te observo desde lejos. Lo suficiente como para no entorpecer tus movimientos, no lo bastante como para poder estar cerca si tropiezas.

Dentro de tus ojos pardos está mi mundo entero, recogido en cada matiz de tus iris, en el brillo de esas almendritas perfectas y llamativas.

Paras mi vida con tus lágrimas, me inundas de amargura y le quitas sentido al paisaje, congelas mi aliento y apenas dejas correr mi sangre.

Tienes mi corazón en el puño de tu mano, en el atisbo de tu sonrisa, en tu olor tan tuyo y mío, en tu paz cuando duermes.



Te miro y pienso que jamás haré nada tan perfecto en mi vida, solo a ti, que ni siquiera eres mía. Eres un préstamo de la vida, un regalo, mi respiro.