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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Alguien que cuide de mi...

No es la primera vez que me lo dicen. Esa canción de Cristina Rosenvinge es como si la hubieras escrito tú.

El caso es que no es cierto en absoluto. Pero es lo que hay. De vez en cuando, sin más, llegará alguien que me diga eso.

Son ideas que pasan por las cabezas de mis parejas… es cuanto menos… extraño para mí. Algo hago mal para que piensen eso.

A veces me pregunto si es porque ellos son como son y necesitan que yo encaje en su extraño mundo y en sus múltiples contradicciones, o porque realmente me ven así.

Esa canción de Cristina Rosenvinge la escribiría la Ratita Presumida. Ella misma lo dice en la versión que os pongo más abajo. No yo.

El título chirría para mí. No encaja. Que me guste que me cuiden un poco cuando estoy malita, no significa que quiera que “cuiden de mí”. Quiero que me valoren, no que me cuiden. Yo también cuido a la gente cuando se pone malita, hago favores y doy cariño.

Incluso si quitáramos el título… el principio de esa canción la hace inválida para mí.

“Sonría, le mienta y se trague mis penas”. Esa es la peor frase.

“Le mienta y se trague mis penas”.

“Le mienta y se trague mis penas”.

Es cierto que no quiero borrachos, ni locos de atar, ni mamarrachos que me hagan llorar, ni chulos, ni ricos, ni finos, ni tíos perdidos que busquen a mamá. Claro, eso encaja con cualquier mujer de este mundo, es tan obvio que no queremos eso… pero al final es lo que encontramos muchas veces. Uno de ellos, o alguno que engloba a varios a la vez.

La letra tampoco es que sea la leche. Cristina Rosenvinge tiene letras mejores que encajan más conmigo, la verdad. En esta no se esforzó demasiado. A veces creo que se sentó con un par de amigas en un bar, a recordar los tíos con los que habían estado y desahogarse un poco, y como ella es músico, acabó escribiendo una canción bastante irónica sobre el tema.

Yo escribiría un texto, de hecho tengo varios escritos.

¿Qué quiero? ¿Alguien que se mate por mí y me quiera matar? Pues no. Quiero alguien que mire a su lado y se sienta orgulloso, que no es lo mismo. No se parece en nada en realidad. Quiero alguien que me quiera y me lo demuestre. Que me demuestre que soy importante, como yo lo he demostrado cientos de veces con mis parejas y les he hecho sentirse valorados, queridos, apoyados, acompañados…. Quiero reciprocidad.

¿Quiero que me besen en la hierba? Pues claro. Y en la acera, y en casa… es que quiero que me besen, quiero mimos, quiero abrazos… me he pasado la vida con gente que no mostraba ni una pizca de amor, romanticismo, cariño... sino todo lo contrario. Claro que quiero cariño. Me lo merezco. Me lo he ganado y me hace mucha falta.

¿Qué me lleve a la feria y a bailar? Pues no. No entiendo que no vean lo absurdo de esa frase. No quiero que me lleven a ninguna parte. Quiero que quieran ir conmigo. Es totalmente distinto. Yo sé ir a los sitios sola, lo he hecho cientos de veces, no necesito que me lleven, que me entretengan, que me traten como a una princesita desvalida.

No. Esa canción no encaja conmigo.

¿De qué me sirve que me digan palabras bonitas a escondidas si luego, en público, se las dedican a otras? ¿De qué me sirve que “me lleven” a bailar si luego, no quieren que esté en los momentos importantes? ¿De qué me sirve que “me cuiden” cuando estoy bien si luego, cuando esté enferma, van a desaparecer? ¿De qué me sirven los besos y los abrazos si luego, en los momentos importantes, voy a recibir rechazo, silencio, insultos, cobardía y golpes? ¿De qué me sirve cualquier persona de la que tenga que defenderme y a la que tenga que sonreír y mentir, para que se quede a mi lado?

Es muy triste que alguien piense que esta canción te define. Dice mucho de esa persona y de lo que significas para ella.

Un compañero no pensaría nunca eso, ni de mí, ni de cualquier mujer a la que valore.

Me gustan las canciones románticas. Me gustan las canciones que dicen: “no eres perfecta, pero te quiero así”. Esas son las que me identifican. Porque yo sé que no soy perfecta y no necesito que me digan lo contrario. Necesito que me acepten como soy, que valoren mis virtudes y que me traten con reciprocidad, porque nadie es perfecto y a nadie le gusta que le recuerden sus defectos continuamente y que no valoren sus virtudes.

¿A qué hombre le gusta que su pareja no le bese, que no le toque, que no valore nada de lo que hace, que no quiera dormir con él, que no le apoye, que le abandone si tiene un problema, que le diga cosas bonitas a otros, que le deje fuera de los eventos importantes, que no le cuente nada, que no cuente con él para nada, que tenga que mentirla y sonreír para que se quede a su lado? ¿A qué persona le gusta eso? A ninguna. Dice tantas obviedades esa canción… dice tantas cosas que defienden los “caballeros andantes” de sus parejas…

¿Qué hay que hacer? ¿Una lista de las cosas que quieres para que te entiendan? ¿Así de simples son algunas cabecitas?

Si soy importante, quiero que le digan al mundo que lo soy. Que digan “así es mi pareja y me siento orgulloso de ella”. No quiero que me digan a mi sola, en privado, lo importante que soy si luego van a intentar ridiculizarme delante de la gente o van a venir borrachos a casa a diario o van a esconderse si hay problemas y a largarse con otra que les haga sentir que la vida es bella, o van a insultarte cuando reclames el cariño que te corresponde.

Si me quieren, quiero que me lo digan mientras me abrazan, pero también que me lo demuestren en momentos importantes. No me vale la gente que solo me quiere cuando le hago favores y que acaban convirtiendo esos favores en exigencias y obligaciones, no quiero a nadie a mi lado que acabe diciéndome, que lleva dos años sin trabajar porque yo no le he hecho el curriculum. No me valen los hombres que me quieren a mí en privado y a todas en público, que guardan fotos de sus exnovias en su mesilla de noche, para verlas y echarlas de menos y soñar con lo que podía haber sido si no les hubieran dejado y hubieran empezado una vida con otro.

Si están orgullosos de quien tienen al lado no deberían esconderme y encerrarme en casa. No deberían inventar historias para que la gente no quiera quedar conmigo ni invitarme a los sitios. No deberían poner excusas o provocar una discusión, justo antes de salir a un cumpleaños, a un concierto, a una boda, a un viaje… para no ir, o ir solos.

Me he pasado años encerrada, sin poder ir a los cumpleaños de los amigos, sin viajar, perdiéndome cada celebración y cada evento importante que no fuera de la familia cercana, durmiendo sola, siendo “estúpida, loca, enferma, puta, víbora…”. Escuchando como las personas que tenía al lado me decían que “coartaba su derecho de beber cuando quisieran, su derecho de ser libres para entrar y salir de casa con quien quisieran y cuando quisieran, su derecho… su derecho… ”. Viendo como me intentaban pisotear, teniendo miedo de hasta donde pudiera llegar la siguiente discusión, luchando por tener algo de amor, algo de romanticismo, algo de vida. Por hacerme valer con gente para la que era mejor no existir…

Ahora quiero que duerman conmigo, me abracen, me dediquen una canción bonita, me valoren en privado y en público, que compartan cosas conmigo, que me pregunten “¿Cómo te ha ido el día?”, que me digan de vez en cuando que me quieren, que me lo demuestren… quiero existir. Quiero reciprocidad. Me la merezco. Y eso no significa que “me cuiden”, que tenga que mentir y sonreír para que la gente se quede conmigo, que necesite que “se traguen mis penas”, que “me lleven” a sitios… no. No soy una princesa desvalida. Bastante lo he demostrado ya a lo largo de mi vida.

Soy visceral, explosiva y cruel con la gente que me hace daño… lo sé. Soy complicada. Pero nunca he pedido nada que no me merezca o que no haya demostrado que me he ganado con sudor, esfuerzo y paciencia. Tengo un gran corazón, perdono, abro puertas, le doy la mano a quien lo necesita, soy inteligente, emotiva, cariñosa, fuerte, creativa, comprensiva y divertida.

Odio esa canción y todo lo que representa para una mujer como yo, que se ha ganado cada miga de pan que se ha comido en su vida.


Nunca he pedido nada que no me haya ganado a pulso y con todo el sufrimiento del mundo.